Se cuecen unos pedazos pequeños y gruesos de bacalao, retirándolos al primer hervor y dejándolos en el agua.
En tres cucharadas de aceite se rehogan dos cebollas bien picadas, y cuando están doradas se les agrega una cucharada de harina. Estando la harina mareada, se le añade medio cuartillo de vino blanco, que se habrá cocido aparte, y otro medio del agua de cocer el bacalao. Esto se deja hervir, adicionándole dos cucharadas de perejil picadito, ajo y el zumo de un limón. Entonces se echa el bacalao, al cual se habrán quitado las espinas, y se le deja cocer por espacio dé un cuarto de hora.
También puede freírse el bacalao, en vez de cocerlo, cuando es delgado.