Libros Gratis - El Hombre de la Mascara de Hierro
 
 
         

    LIBROS GRATIS

    Libros Gratis
    Libros para Leer Online
    Recetas de Cocina
    Letras de Tangos
    Guia Medica
    Filosofia
    Derecho Privado



voz de la naturaleza en que habla toda una nación o una raza, ¿no es un
privilegio excesivo -se pregunta- que uno ahueque la voz en nombre de
todos? La democracia reniega de tales soberanos que se encumbran sin
plebiscitos y no aducen derechos divinos. Lo que antes fue Verbo en el
genio, tórnase ahora palabra y es distribuida entre todos, que, juntos,
creen razonar mejor que uno solo. La civilización parece concurrir a
ese lento y progresivo destierro del hombre extraordinario, ensanchan-
do e iluminando las medianías. Cuando los más no sabían pensar, era
justo que uno lo hiciese por todos: facultad expuesta a peligrosos exce-
sos. Pero el hombre providencial va siendo innecesario a medida que
179
los más piensan y quieren. "En tanta difusión de la soberanía: ¿qué
necesidad hay de grandes epopeyas pensadas, realizadas o escritas?
Ésa parece, transitoriamente, la fórmula del nivelamiento, y podría
traducirse así: en la medida en que se difunde el régimen democrático
restríngese la función de los hombres superiores.
Sería una verdad inconcusa, definitiva, si el devenir igualitario
fuese una orientación natural de la historia y si, en caso de serlo, se
efectuase con ritmo permanente, sin tropiezos. Y no es así. No lo ha
sido nunca; ni lo será, según parece. La naturaleza se opone a toda
nivelación, viendo en la igualdad la muerte; las sociedades humanas,
para su progreso moral y estructural, necesitan del genio más que del
imbécil y del talento más que de la mediocridad. La historia no confir-
ma la presunción igualitaria: no suprime a Leonardo para endiosar a
Panza ni aplasta a Bertoldo para adorar a Goethe. Unos y otros tienen
su razón de vivir, ni prospera el uno en el clima del otro. El genio en su
oportunidad, es tan ¡reemplazable como el mediocre en la propia; mil,
cien mil mediocres no harían entonces lo que un genio. Cooperan a su
obra los idealistas que les preceden o siguen; nunca los conservadores,
que son sus enemigos naturales, ni las masas rutinarias, que pueden ser
su instrumento, pero no su guía.
Es irónico repetir que los Estados no necesitan nunca el gober-
nante genial. El culto del gobernante adocenado, pero honesto, es pro-
pio de mercaderes que temen al malo, sin concebir al superior. ¿Por
qué la historia renegaría del genio, del santo y del héroe? En las horas
solemnes los pueblos todo lo esperan de los grandes hombres; en las
épocas decadentes bastan los vulgares. Hay un clima que excluye al
genio y busca al fatuo; en la chatura crepuscular, mientras las acade-
mias se pueblan de miopes y de funcionarios, gobiernan el Estado los
charlatanes o los pollipavos. Pero hay otro clima en que ellos no sir-
ven; entonces cuájase de astros el horizonte. En la borrasca toma el
timón un Sarmiento y pilotea un pueblo hacia su Ideal; en la aurora
mira lejos un Ameghino y descubre fragmentos de alguna Verdad en
formación. Y todavía varía en sus dominios; fórmase en su rededor,
como el halo en torno de los astros, una particular atmósfera donde su
180
palabra resuena y su chispa ilumina: es el clima del genio. Y uno solo
piensa y hace: marca un evo.
Al que dice "Igualdad o muerte", replica la naturaleza "la igual-
dad es la muerte". Aquel dilema es absurdo. Si fuera posible una cons-
tante nivelación, si hubieran sucumbido alguna vez todos los,
individuos diferenciales, los originales, la humanidad no existiría. No
habría podido existir como término culminante de la serie biológica.
Nuestra especie ha salido de las precedentes como resultado de la se-
lección natural; sólo hay evolución donde pueden seleccionarse las
variaciones de los individuos. Igualar todos los hombres sería negar el
progreso de la especie humana. Negar la civilización misma. Queda el hecho actual y contingente: el advenimiento progresivo
del régimen democrático, en las monarquías y en las repúblicas, ¿ha
favorecido su descenso público durante el último siglo?
Prácticamente la democracia ha sido una ficción, hasta ahora. Es
una mentira de algunos que pretenden representar a todos. Aunque en
ella creyeran por momentos Lamartine, Heine y Hugo, nadie más infiel
que los poetas idealistas al verbo de la equivalencia universal; los más
son abiertamente hostiles. Otra es la posición del problema. Es sencilla.
Hasta ahora no ha existido una democracia efectiva. Los regíme-
nes que adoptaron tal nombre fueron ficciones. Las pretendidas demo-
cracias de todos los tiempos han sido confabulaciones de profesionales
para aprovecharse de las masas y excluir a los hombres eminentes. Han
sido siempre mediocracias. La premisa de su mentira fue la existencia
de un "pueblo" capaz de asumir la soberanía del Estado. No hay tal: las
masas de pobres e ignorantes no han tenido, hasta hoy, aptitud para
gobernarse: cambiaron de pastores.
Los más grandes teóricos del ideal democrático han sido de hecho
individualistas y partidarios de la selección natural: perseguían la
aristocracia del mérito contra los privilegios de las castas. La igual-
dad es un equívoco o una paradoja, según los casos. La democracia ha
sido un espejismo, como todas las abstracciones que pueblan la fanta- 181


 

 
 

Copyright (C) 1996- 2000 Escolar.com, All Rights Reserved. This web site or any pages within may not be reporoduced without express written permission