Para hacer este plato debe elegirse un bacalao de Escocia que llaman Langa, siendo mejor el delgado.
Se parte en trozos regulares, teniéndolo en agua por espacio de veinticuatro horas. Se le muda el agua tres o cuatro veces, se le escama y pone luego en un puchero al lado de la hornilla, bien cubierto de agua, teniendo cuidado de que no cueza y retirándolo cuando haga espuma. Se fríe aceite, quitándole el gusto con un pedacito de pan, que luego se retira; se fríe en él cebolla en abundancia, bien picada y a fuego suave; cuando está casi frita se le pone pasta de tomate, también en bastante cantidad.
Se tienen pimientos encarnados secos, que, limpios de pepitas y puestos en remojo por veinticuatro horas, se escurren después en un colador y se hace pasar por los agujeros de éste la parte carnosa del pimiento sobre la cebolla y el tomate, ayudando a pasarlo por el colador con un par de cacillos de agua del bacalao.
Se pone esta mezcla a cocer, sin dejar de moverla; se le echa la sal que necesite y una chispa de azúcar. Si la salsa está clara, se le aumenta el pan frito machacado.
Estando la mezcla terminada, se limpia de espinas el bacalao, sin quitarle los pellejos, se pone después en una cazuela de barro, a ser posible, con el pellejo para arriba, echando por encima la salsa pasada por el colador, y se deja la cazuela a fuego lento por espacio de una hora. Se le mueve de vez en cuando, cogiendo la cazuela por las asas.
La proporción es para catorce tajadas de bacalao tres cebollas grandes, blancas, dieciséis pimientos de los mejores y una lata grande de pasta de tomate.