Heracles? Ea, ve y prometo darte, para que te cases con ella y lleve el nombre
de esposa
tuya, la más joven de las Gracias [Pasitea, de la cual estás deseoso
todos los días].
270 Así habló. Alegróse el Sueño, y respondió
diciendo:
271 -Ea, jura por el agua inviolable de la Éstige, tocando con una mano
la fértil tierra y
con la otra el brillante mar, para que sean testigos los dioses de debajo de
la tierra que
están con Crono, que me darás la más joven de las Gracias,
Pasitea, de la cual estoy
deseoso todos los días.
277 Así dijo. No desobedeció Hera, la diosa de los níveos
brazos, y juró, como se le
pedía, nombrando a todos los dioses subtartáreos, llamados Titanes.
Prestado el
juramento, partieron ocultos en una nube, dejaron atrás a Lemnos y la
ciudad de Imbros,
y siguiendo con rapidez el camino llegaron a Lecto, en el Ida, abundante en
manantiales y
criador de fieras; allí pasaron del mar a tierra firme, y anduvieron
haciendo estremecer
debajo de sus pies la cima de los árboles de la selva. Detúvose
el Sueño antes que los ojos
de Zeus pudieran verlo, y, encaramándose en un abeto altísimo
que había nacido en el Ida
y por el aire llegaba al éter, se ocultó entre las ramas como
la montaraz ave canora
llamada por los dioses calcis y por los hombres cymindis.
292 Hera subió ligera al Gárgaro, la cumbre más alta del
Ida; Zeus, que amontona las
nubes, la vio venir; y apenas la distinguió, enseñoreóse
de su prudente espíritu el mismo
deseo que, cuando gozaron las primicias del amor, acostándose a escondidas
de sus
padres. Y así que la tuvo delante, le habló diciendo:
298 -¡Hera! ¿Adónde vas, que tan presurosa vienes del Olimpo,
sin los caballos y el
carro que podrían conducirte?
300- Respondióle dolosamente la venerable Hera:
301- Voy a los confines de la fértil tierra, a ver a Océano, origen
de los dioses, y a la
madre Tetis, que me recibieron de manos de Rea y me criaron y educaron en su
palacio.
Iré a visitarlos para dar fin a sus rencillas. Tiempo ha que se privan
del amor y del
tálamo, porque la cólera invadió sus corazones. Tengo al
pie del Ida, abundante en
manantiales, los corceles que me llevarán por tierra y por mar, y vengo
del Olimpo a
participártelo; no fuera que to irritaras si me encaminase, sin decírtelo,
al palacio del
Océano, de profunda corriente.
312 Contestó Zeus, que amontona las nubes:
313 -¡Hera! Allá se puede ir más tarde. Ea, acostémonos
y gocemos del amor. Jamás la
pasión por una diosa o por una mujer se difundió por mi pecho,
ni me avasalló como
ahora: nunca he amado así, ni a la esposa de Ixión, que parió
a Pintoo consejero igual a
los dioses; ni a Dánae Acrisiona, la de bellos talones, que dio a luz
a Perseo, el más
ilustre de los hombres; ni a la celebrada hija de Fénix, que fue madre
de Minos y de
Radamantis igual a un dios; ni a Sémele, ni a Alcmena en Teba, de la
que tuve a
Heracles, de ánimo valeroso, y de Sémele a Dioniso, alegría
de los mortales; ni a
Deméter, la soberana de hermosas trenzas; ni a la gloriosa Leto; ni a
ti misma: con tal
ansia te amo en este momento y tan dulce es el deseo que de mí se apodera.
3-29 Replicóle dolosamente la venerable Hera:
3» -¡Terribilísimo Cronida! ¡Qué palabras proferiste!
¡Quieres acostarte y gozar del
amor en las cumbres del Ida, donde todo es patente! ¿Qué ocurriría
si alguno de los
sempiternos dioses nos viese dormidos y lo manifestara a todas las deidades?
Yo no
volvería a tu palacio al levantarme del lecho; vergonzoso fuera. Mas,
si lo deseas y a tu
corazón le es grato, tienes la cámara que tu hijo Hefesto labró,
cerrando la puerta con
sólidas tablas que encajan en el marco. Vamos a acostarnos allí,
ya que el lecho apeteces.
341 Respondióle Zeus, que amontona las nubes:
342 -¡Hera! No temas que nos vea ningún dios ni hombre: te cubriré
con una nube
dorada que ni el Sol, con su luz, que es la más penetrante de todas,
podría atravesar para
mirarnos.
346 Dijo, y el hijo de Crono estrechó en sus brazos a la esposa. La
divina tierra produjo
verde hierba, loto fresco, azafrán y jacinto espeso y tierno para levantarlos
del suelo.
Acostáronse allí y cubriéronse con una hermosa nube dorada,
de la cual caían lucientes
gotas de rocío.
352 Tan tranquilamente dormía el padre sobre el alto Gárgaro,
vencido por el sueño y
