Libros Gratis - El Hombre de la Mascara de Hierro
 
 
         

    LIBROS GRATIS

    Libros Gratis
    Libros para Leer Online
    Recetas de Cocina
    Letras de Tangos
    Guia Medica
    Filosofia
    Derecho Privado



grandes como ojos, espléndidas, de gracioso brillo. Después, la divina entre las diosas se
cubrió con un velo hermoso, nuevo, tan blanco como el sol, y calzó sus nítidos pies con
bellas sandalias. Y cuando hubo ataviado su cuerpo con todos los adornos, salió de la
estancia, y, llamando a Afrodita aparte de los dioses, hablóle en estos términos:
190 -¿Querrás complacerme, hija querida, en lo que yo te diga, o te negarás, irritada en
tu ánimo, porque yo protejo a los dánaos y tú a los troyanos?
193 Respondióle Afrodita, hija de Zeus:
194 -¡Hera, venerable diosa, hija del gran Crono! Di qué quieres; mi corazón me
impulsa a efectuarlo, si puedo hacerlo y ello es factible.
197 Contestóle dolosamente la venerable Hera: 198 -Dame el amor y el deseo con los cuales rindes a todos los inmortales y a los
mortales hombres. Voy a los confines de la fértil tierra para ver a Océano, padre de los
dioses, y a la madre Tetis, los cuales me recibieron de manos de Rea y me criaron y
educaron en su palacio, cuando el largovidente Zeus puso a Crono debajo de la tierra y
del mar estéril. Iré a visitarlos para dar fin a sus rencillas. Tiempo ha que se privan del
amor y del tálamo, porque la cólera anidó en sus corazones. Si apaciguara con mis
palabras su ánimo y lograra que reanudasen el amoroso consorcio, me llamarían siempre
querida y venerable.
2,1 Respondió de nuevo la risueña Afrodita:
212 -No es posible ni sería conveniente negarte lo que Aides, pues duermes en los
brazos del poderosísimo Zeus.
214 Dijo; y desató del pecho el cinto bordado, de variada labor, que encerraba todos los
encantos: hallábanse a11í el amor, el deseo, las amorosas pláticas y el lenguaje seductor
que hace perder el juicio a los más prudentes. Púsolo en las manos de Hera, y pronunció
estas palabras:
219-Toma y esconde en tu seno el bordado ceñidor donde todo se halla. Yo te aseguro
que no volverás sin haber logrado lo que tu corazón desea.
222 Así dijo. Sonrióse Hera veneranda, la de ojos de novilla; y, sonriente aún, escondió
el ceñidor en el seno.
224 Afrodita, hija de Zeus, volvió a su morada y Hera dejó en raudo vuelo la cima del
Olimpo, y, pasando por la Pieria y la deleitosa Ematia, salvó las altas y nevadas cumbres
de las montañas donde viven los jinetes tracios, sin que sus pies tocaran la tierra
descendió por el Atos al fluctuoso ponto y llegó a Lemnos, ciudad del divino Toante. Allí
se encontró con el Sueño, hermano de la Muerte, y, asiéndole de la diestra, le dijo estas
palabras:
233 -¡Sueño, rey de todos los dioses y de todos los hombres! Si en otra ocasión
escuchaste mi voz, obedéceme también ahora, y mi gratitud será perenne. Adormece los
brillantes ojos de Zeus debajo de sus párpados, tan pronto como, vencido por el amor, se
acueste conmigo. Te daré como premio un trono hermoso, incorruptible, de oro; y mi hijo
Hefesto, el cojo de ambos pies, te hará un escabel que te sirva para apoyar las nítidas
plantas, cuando asistas a los festines.
242 Respondióle el dulce Sueño:
243 -¡Hera, venerable diosa, hija del gran Crono! Fácilmente adormecería a cualquier
otro de los sempiternos dioses y aun a las corrientes del río Océano, del cual son oriundos
todos, pero no me acercaré ni adormeceré a Zeus Cronión, si él no lo manda. Me hizo
cuerdo tu mandato el día en que el muy animoso hijo de Zeus se embarcó en Ilio, después
de destruir la ciudad troyana. Entonces sumí en grato sopor la mente de Zeus, que lleva la
égida, difundiéndome suave en torno suyo; y tú, que intentabas causar daño a Heracles,
conseguiste que los vientos impetuosos soplaran sobre el ponto y lo llevaran a la
populosa Cos, lejos de sus amigos. Zeus despertó y encendióse en ira: maltrataba a los
dioses en el palacio, me buscaba a mí, y me hubiera hecho desaparecer, arrojándome del
éter al ponto, si la Noche, que rinde a los dioses y a los hombres, no me hubiese salvado;
lleguéme a ella huyendo, y aquél se contuvo, aunque irritado, porque temió hacer algo
que a la rápida Noche desagradara. Y ahora me mandas realizar otra cosa peligrosísima.
263 Respondióle Hera veneranda, la de ojos de novilla:
264 -Oh Sueño, ¿por qué en la mente revuelves tales cosas? ¿Crees que el largovidente
Zeus favorecerá tanto a los troyanos, como en la época en que se irritó protegía a su hijo


 

 
 

Copyright (C) 1996- 2000 Escolar.com, All Rights Reserved. This web site or any pages within may not be reporoduced without express written permission