entregaremos la pica al héroe Meriones, si te place lo que te propongo.
895 Así habló. Agamenón, rey de hombres, no dejó
de obedecerle. Aquiles dio a
Meriones la pica de bronce, y el héroe Atrida tomó el magnífico
premio y se lo entregó al
heraldo Taltibio.
CANTO XXIV *
Rescate de Héctor
* Los dioses se apiadan de Héctor, y Zeus encarga a Tetis que amoneste
a su hijo para que devuelva el
cadáver, a la vez que manda a Priamo, por medio de Iris, que con un solo
heraldo vaya con magníficos
presentes a la tienda de Aquileo para rescatar el cuerpo de Héctor. Príamo
obedece y parte con el
heraldo ideo y dos carros; antes de llegar al campamento se les aparece Hermes,
que los guía hasta la
tienda del héroe; entra Príamo y, echándose a los pies
de Aquiles, le dirige la súplica más
conmovedora; Aquiles entrega el cadáver, los dos ancianos lo conducen
a Troya y se celebran con toda
solemnidad las honras fúnebres de Héctor, que era el principal
sostén de la ciudad asediada.
1 Disolvióse la junta y los guerreros se dispersaron por las veloces
naves, tomaron la
cena y se regalaron con el dulce sueño. Aquiles lloraba, acordándose
del compañero
querido, sin que el sueño, que todo to rinde, pudiera vencerlo: daba
vueltas acá y a11á, y
con amargura traía a la memoria el vigor y gran ánimo de Patroclo,
to que de mancomún
con él había llevado al cabo y las penalidades que ambos habían
padecido, ora
combatiendo con los hombres, ora surcando las temibles ondas. Al recordarlo,
prorrumpía en abundantes lágrimas; ya se echaba de lado, ya de
espaldas, ya de pechos; y
al fin, levantándose, vagaba inquieto por la orilla del mar. Nunca le
pasaba inadvertido el
despuntar de la aurora sobre el mar y sus riberas: entonces uncía al
carro los ligeros cor-
celes y, atando al mismo el cadáver de Héctor, arrastrábalo
hasta dar tres vueltas al
túmulo del difunto Menecíada; acto continuo volvía a reposar
en la tienda, y dejaba el
cadáver tendido de cara al polvo. Mas Apolo, apiadándose del varón
aun después de
muerto, le libraba de toda injuria y lo protegía con la égida
de oro para que Aquiles no
lacerase el cuerpo mientras lo llevaba por el suelo.
22 De tal manera Aquiles, enojado, insultaba al divino Héctor. Al contemplarlo,
compadecíanse los bienaventurados dioses a instigaban al vigilante Argicida
a que
hurtase el cadáver. A todos les gustaba tal propósito, menos
a Hera, a Posidón y a la
virgen de ojos de lechuza, que odiaban como antes a la sagrada Ilio, a Príamo
y a su
pueblo por la injuria que Alejandro había inferido a las diosas cuando
fueron a su cabaña
y declaró vencedora a la que le había ofrecido funesta liviandad.
Cuando, después de la
muerte de Héctor, llegó la duodécima aurora, Febo Apolo
dijo a los ínmortales:
33 -Sois, oh dioses, crueles y maléficos. ¿Acaso Héctor
no quemaba en vuestro honor
muslos de bueyes y de cabras escogidas? Ahora, que ha perecido, no os atrevéis
a salvar
el cadáver y ponerlo a la vista de su esposa, de su madre, de su hijo,
de su padre Príamo y
del pueblo, que al momento to entregarían a las llamas y le harían
honras fúnebres; por el
contrario, oh dioses, queréis favorecer al pernicioso Aquiles, el cual
concibe
pensamientos no razonables, tiene en su pecho un ánimo inflexible y medita
cosas
feroces, como un león que, dejándose llevar por su gran fuerza
y espíritu soberbio, se
encamina a los rebaños de los hombres para aderezarse un festín,
de igual modo perdió
Aquiles la piedad y ni siquiera conserva el pudor que tanto favorece o daña
a los varones.
Aquél a quien se le muere un ser amado, como el hermano carnal o el hijo,
al fin cesa de
llorar y lamentarse, porque las Parcas dieron al hombre un corazón paciente.
Mas
Aquiles, después que quitó al divino Héctor la dulce vida,
ata el cadáver al carro y lo
arrastra alrededor del túmulo de su compañero querido; y esto
ni a aquél le aprovecha, ni
es decoroso. Tema que nos irritemos contra él, aunque sea valiente, porque
enfureciéndose insulta a to que tan sólo es ya insensible tierra.
55 Respondióle irritada Hera, la de los níveos brazos:
56 -Sería como dices, oh tú que llevas arco de plata, si a Aquiles
y a Héctor los
tuvierais en igual estima. Pero Héctor fue mortal y diole el pecho una
mujer; mientras que
Aquiles es hijo de una diosa a quien yo misma alimenté y crié
y casé luego con Peleo,
varón cordialmente amado por los inmortales. Todos los dioses presenciasteis
la boda; y
tú pulsaste la cítara y con los demás tuviste parte en
el festín; ¡oh amigo de los malos,
