Vendrá una mañana, una tarde o un mediodía en que alguien
me quitará la vida en el
combate, hiriéndome con la lanza o con una flecha despedida por el arco.
114 Así dijo. Desfallecieron las rodillas y el corazón del troyano
que, soltando la lanza,
se sentó y tendió ambos brazos. Aquiles puso mano a la tajante
espada a hirió a Licaón en
la clavícula, junto al cuello: metióle dentro toda la hoja de
dos filos, el troyano dio de
ojos por el suelo y su sangre fluía y mojaba la tierra. El héroe
cogió el cadáver por el pie,
arrojólo al río para que la corriente se to llevara, y profirió
con jactancia estas aladas
palabras:
122 -Yaz ahí entre los peces que tranquilos te lamerán la sangre
de la herida. No te
colocará tu madre en un lecho para llorarte, sino que serás llevado
por el voraginoso
Escamandro al vasto seno del mar. Y algún pez, saliendo de las olas
a la negruzca y
encrespada superficie, comerá la blanca grasa de Licaón. Así
perezcáis los demás
troyanos hasta que lleguemos a la sacra ciudad de Ilio, vosotros huyendo y yo
detrás ha-
ciendo gran riza. No os salvará ni siquiera el río de hermosa
corriente y argénteos
remolinos, a quien desde antiguo sacrificáis muchos toros y en cuyós
vórtices echáis
vivos los solípedos caballos. Así y todo, pereceréis miserablemente
unos en pos de otros,
hasta que hayáis expiado la muerte de Patrocio y el estrago y la matanza
que hicisteis en
los aqueos junto a las naves, mientras estuve alejado de la lucha.
136 Así habló, y el río, con el corazón irritado,
revolvía en su mente cómo haría cesar
al divinal Aquiles de combatir y libraría de la muerte a los troyanos.
En tanto, el hijo de
Peleo dirigió su ingente lanza a Asteropeo, hijo de Pelegón, con
ánimo de matarlo. A
Pelegón le habían engendrado el Axio, de ancha corriente, y Peribea,
la hija mayor de
Acesámeno; que con ésta se unió aquel río de profundos
remolinos. Encaminóse, pues,
Aquiles hacia Asteropeo, el cual salió a su encuentro llevando dos lanzas;
y el Janto,
irritado por la muerte de los jóvenes a quienes Aquiles había
hecho perecer sin
compasión en la misma corriente, infundió valor en el pecho del
troya-no. Cuando ambos
guerreros se hallaron frente a frente, el divino Aquiles, el de los pies ligeros,
fue el
primero en hablar, y dijo:
150 -¿Quién eres tú y de dónde, que osas salirme
al encuentro? Infelices de aquéllos
cuyos hijos se oponen a mi furor.
152 Respondióle el preclaro hijo de Pelegón:
153 -¡Magnánimo Pelida! ¿Por qué sobre el abolengo
me interrogas? Soy de la fértil
Peonia, que está lejos; vine mandando a los peonios, que combaten con
largas picas, y
hace once días que llegué a Ilio. Mi linaje trae su origen del
Axio de ancha corriente, del
Axio que esparce su hermosísimo raudal sobre la tierra: Axio engendró
a Pelegón,
famoso por su lanza, y de éste dicen que he nacido. Pero peleemos ya,
esclarecido
Aquiles.
161 Así habló, en son de amenaza. El divino Aquiles levantó
el fresno del Pelión, y el
héroe Asteropeo, que era ambidextro, tiróle a un tiempo las dos
lanzas: la una dio en el
escudo, pero no to atravesó porque la lámina de oro que el dios
puso en el mismo la
detuvo; la otra rasguñó el brazo derecho del héroe, junto
al codo, del cual brotó negra
sangre; mas el arma pasó por encimá y se clavó en el suelo,
codiciosa de la carne.
Aquiles arrojó entonces la lanza, de recto vuelo, a Asteropeo con intención
de matarlo, y
erró el tiro: la lanza de fresno cayó en la elevada orilla y se
hundió hasta la mitad del
palo. El Pelida, desnudando la aguda espada que llevaba junto al muslo, arremetió
enardecido a Asteropeo, quien con la mano robusta intentaba arrancar del escarpado
borde la lanza de Aquiles: tres veces la meneó para arrancarla, y otras
tantas careció de
fuerza. Y cuando, a la cuarta vez, quiso doblar y romper la lanza de fresno
del Eácida,
acercósele Aquiles y con la espada le quitó la vida: hirióle
en el vientre, junto al ombligo;
derramáronse en el suelo todos los intestinos, y las tinieblas cubrieron
los ojos del
troyano, que cayó anhelante. Aquiles se abalanzó a su pecho, le
quitó la armadura; y,
blasonando del triunfo, dijo estas palabras:
184 -Yaz ahí. Difícil era que tú, aunque engendrado por
un río, pudieses disputar la
victoria a los hijos del prepotente Cronión. Dijiste que to linaje procede
de un río de
ancha corriente; mas yo me jacto de pertenecer al del gran Zeus. Engendróme
un varón
