tajo el gran yunque, y cogió
con una mano el pesado martillo y con la otra las tenazas.
478 Hizo lo primero de todo un escudo grande y fuerte, de variada labor, con
triple
cenefa brillante y reluciente, provisto de una abrazadera de plata. Cinco capas
tenía el
escudo, y en la superior grabó el dios muchas artísticas figuras,
con sabia inteligencia.
483 A11í puso la tierra, el cielo, el mar, el sol infatigable y la luna
llena; a11í las
estrellas que el cielo coronan, las Pléyades, las Híades, el robusto
Orión y la Osa, llamada
por sobrenombre el Carro, la cual gira siempre en el mismo sitio, mira a Orión
y es la
única que deja de bañarse en el Océano.
490 Allí representó también dos ciudades de hombres dotados
de palabra. En la una se
celebraban bodas y festines: las novias salían de sus habitaciones y
eran acompañadas por
la ciudad a la luz de antorchas encendidas, oíanse repetidos cantos de
himeneo, jóvenes
danzantes formaban ruedos, dentro de los cuales sonaban flautas y cítaras,
y las matronas
admiraban el espectáculo desde los vestíbulos de las casas.- Los
hombres estaban
reunidos en el ágora, pues se había suscitado una contienda entre
dos varones acerca de la
multa que debía pagarse por un homicidio: el uno, declarando ante el
pueblo, afirmaba
que ya la tenía satisfecha; el otro negaba haberla recibido, y ambos
deseaban terminar el
pleito presentando testigos. El pueblo se hallaba dividido en dos bandos, que
aplaudían
sucesivamente a cada litigante; los heraldos aquietaban a la muchedumbre, y
los
ancianos, sentados sobre pulimentadas piedras en sagrado círculo, tenían
en las manos los
cetros de los heraldos, de voz potente, y levantándose uno tras otro
publicaban el juicio
que habían formado. En el centro estaban los dos talentos de oro que
debían darse al que
mejor demostrara la justicia de su causa.
509 La otra ciudad aparecía cercada por dos ejércitos cuyos individuos,
revestidos de
lucientes armaduras, no estaban acordes: los del primero deseaban arruinar la
plaza, y los
otros querían dividir en dos partes cuantas riquezas encerraba la agradable
población.
Pero los ciudadanos aún no se rendían, y preparaban secretamente
una emboscada.
Mujeres, niños y ancianos subidos en la muralla la defendían.
Los sitiados marchaban
llevando al frente a Ares y a Palas Atenea, ambos de oro y con áureas
vestiduras,
hermosos, grandes, armados y distinguidos, coino dioses; pues los hombres eran
de
estatura menor. Luego en el lugar escogido para la emboscada, que era a orillas
de un río
y cerca de un abrevadero que utilizaba todo el ganado, sentábanse, cubiertos
de reluciente
bronce, y ponían dos centinelas avanzados para que les avisaran la llegada
de las ovejas y
de los bueyes de retorcidos cuernos. Pronto se presentaban los rebaños
con dos pastores
que se recreaban tocando la zampoña, sin presentir la asechanza. Cuando
los emboscados
los veían venir, corrían a su encuentro y al punto se apoderaban
de los rebaños de bueyes
y de los magníficos hatos de blancas ovejas y mataban a los guardianes.
Los sitiadores,
que se hallaban reunidos en junta, oían el vocerío que se alzaba
en torno de los bueyes, y,
montando ágiles corceles, acudían presurosos. Pronto se trababa
a orillas del río una
batalla en la cual heríanse unos a otros con broncíneas lanzas.
Allí se agitaban la
Discordia, el Tumulto y la funesta Parca, que a un tiempo cogía a un
guerrero vivo y
recientemente herido y a otro ileso, y arrastraba, asiéndolo de los pies,
por el campo de la
batalla a un tercero que ya había muerto; y el ropaje que cubría
su espalda estaba teniño
de sangre humana. Movíanse todos como hombres vivos, peleaban y retiraban
los
muertos.
541 Representó también una blanda tierra noval, un campo fértil
y vasto que se labraba
por tercera vez: acá y acullá muchos labradores guiaban las yuntas,
y, al llegar al confín
del campo, un hombre les salía al encuentro y les daba una copa de dulce
vino; y ellos
volvían atrás, abriendo nuevos surcos, y deseaban llegar al otro
extremo del noval
profundo. Y la tierra que dejaban a su espalda negreaba y parecía labrada,
siendo toda de
oro; to cual constituía una singular maravilla.
550 Grabó asimismo un campo real donde los jóvenes se gaban las
mieses con hoces
afiladas: muchos manojos caíar al suelo a lo largo del surco, y con ellos
formaban gavilla:
