Los corceles por los
que preguntas, anciano, llegaron recientemente y son tracios: el valiente Diomedes
mató
al dueño y a doce de sus compañeros, todos aventajados. Y cerca
de las naves dimos
muerte al decimotercio, que era un espía enviado por Héctor y
otros troyanos ilustres a
explorar este campamento.
564 De este modo habló; y muy ufano, hizo que los solípedos caballos
pasaran el foso,
y los demás aqueos siguiéronlo alborozados. Cuando estuvieron
en la hermosa tienda del
Tidida, ataron los corceles con bien cortadas correas al pesebre, donde los
caballos de
Diomedes comían el trigo dulce como la miel. Ulises dejó en la
popa de su nave los
cruentos despojos de Dolón, para guardarlos hasta que ofrecieran un sacrificio
a Atenea.
Ambos entraron en el mar y se lavaron el abundante sudor de sus piernas, cuello
y
muslos. Cuando las olas les hubieron limpiado el abundante sudor del cuerpo
y recreado
el corazón, metiéronse en pulimentadas pilas y se bañaron.
Lavados ya y ungidos con
craso aceite, sentáronse a la mesa, y, sacando de una rebosante cratera
vino dulce como la
miel, en honor de Atenea to libaron.
CANTO XI*
Principalía de Agamenón
* En la batalla entre aqueos y troyanos, aquéllos llevan la peor parte:
Agamenón, Diomedes y Ulises
resultan heridos. Ante la clara ventaja de los troyanos, Aquiles envía
a Patroclo junto a Néstor.
1 La Aurora se levantaba del lecho, dejando al ilustre Titono, para llevar la
luz a los
dioses y a los hombres, cuando, enviada por Zeus, se presentó en las
veleras naves aqueas
la cruel Discordia con la señal del combate en la mano. Subió
la diosa a la ingente nave
negra de Ulises, que estaba en medio de todas, para que lo oyeran por ambos
lados hasta
las tiendas de Ayante Telamonio y de Aquiles; los cuales habían puesto
sus bajeles en los
extremos, porque confiaban en su valor y en la fuerza de sus brazos. Desde a11í
daba
aquélla grandes, agudos y horrendos gritos, y ponía mucha fortaleza
en el corazón de
todos los aqueos, a fin de que pelearan y combatieran sin descanso. Y pronto
les fue más
agradable batallar que volver a la patria tierra en las cóncavas naves.
15 El Atrida alzó la voz mandando que los argivos se apercibiesen, y
él mismo vistió la
armadura de luciente bronce. Púsose en torno de las piernas hermosas
grebas sujetas con
broches de pláta, y cubrió su pecho con la coraza que Ciniras
le había dado por presente
de hospitalidad. Porque hasta Chipre habíá llegado la noticia
de que los aqueos se embar-
caban para Troya, y Ciniras, deseoso de complacer al rey, le dio esta córaza
que tenía
diez filetes de pavonado acero, doce de oro y veinte de estaño, y a cada
lado tres cerúleos
dragones erguidos hacia el cuello y semejantes al iris que el Cronión
fija en las nubes
como señal para los hombres dotados de palabra. Luego, el rey colgó
del hombro la
espada, en la que relucían áureos clavos, con su vaina de plata
sujeta por tirantes de oro.
Embrazó después el labrado escudo, fuerte y hermoso, de la altura
de un hombre, que
presentaba diez círculos de bronce en el contorno, tenía veinte
bollos de blanco estaño y
en el centro uno de negruzco acero, y lo coronaba Gorgona, de ojos horrendos
y torva
vista, con el Terror y la Fuga a los lados. Su correa era argentada, y sobre
la misma
enroscábase cerúleo dragón de tres cabezas entrelazadas,
que nacían de un solo cuello.
Cubrió en seguida su cabeza con un casco de doble cimera, cuatro abolladuras
y penacho
de crines de caballo, que al ondear en to alto causaba pavor; y asió
dos fornidas lanzas de
aguzada broncínea punta, cuyo brillo llegaba hasta el cielo. Y Atenea
y Hera tronaron en
las alturas para honrar al rey de Micenas, rica en oro.
47 Cada cual mandó entonces a su auriga que tuviera dispuestos el carro
y los corceles
junto al foso; salieron todos a pie y armados, y levantóse inmenso viento
antes que la au-
rora despuntara. Delante del foso ordenáronse los infantes, y a éstos
siguieron de cerca
los que combatían en carros. Y el Cronida promovió entre ellos
funesto tumulto y dejó
caer desde el éter sanguinoso rocío porque había de precipitar
al Hades a muchas y
valerosas almas.
56 Los troyanos pusiéronse también en orden de batalla en una
eminencia de la llanura,
alrededor del gran Héctor, del eximio Polidamante, de Eneas, honrado
como un dios por
