«Así dije y su valeroso ánimo se dejó persuadir.
«Durante todo un mes sopló Noto sin parar y no había ningún
otro viento, salvo Euro y
Noto. Así que, mientras mis compañeros tuvieron comida y rojo
vino, se mantuvieron
alejados de las vacas por deseo de vivir; pero cuando se consumieron todos los
víveres de
la nave, pusiéronse por necesidad a la caza de peces y aves; todo lo
que llegaba a sus
manos, con curvos anzuelos, pues el hambre retorcía sus estómagos.
«Yo me eché entonces a recorrer la isla para suplicar a los dioses,
por si alguno me
manifestaba algún camino de vúelta; y, cuando caminando por la
isla ya estaba lejos de
mis compañeros, lavé mis manos al abrigo del viento y supliqué
a todos los dioses que
poseen el Olimpo. Y ellos derramaron el dulce sueño sobre mis párpados.
«Entonces Euríloco comenzó a manifestar a mis compañeros
esta funesta decisión:
«"Escuchad mis palabras, compañeros que tantos males habéis
sufrido. Todas las clases
de muerte son odiosas para los desgraciados mortales, pero lo más lamentable
es morir de
hambre y arrastrar el destino. Conque, vamos, llevémonos las mejores
vacas de Helios y
sacrifiquémoslas a los inmortales que poseen el vasto cielo. Si llegamos
a Itaca, nuestra
patria, edificaremos a Helios Hiperión un esplendido templo donde podríamos
erigir
muchas y excelentes estatuas.
«"Pero si, irritado por sus vacas de alta cornamenta, quiere destruir
nuestra nave .-y los
demás dioses les acompañan prefiero perder la vida de una vez,
de bruces contra una ola,
antes que irme consumiendo poco a poco en una isla desierta."
«Así dijo Euríloco y los demás compañeros
aprobaron sus palabras. Así que se llevaron
enseguida las mejores vacas de Helios, de por allí cerca -pues las hermosas
vacas
carianchas de rotátiles patas pastaban no lejos de la nave de azuloscura
proa. Pusiéronse a
su alrededor e hicieron súplica a los dioses, cortando ramas tiernas
de una encina de
elevada copa -pues no tenían blanca cebada en la nave de buenos bancos.
Cuando habían
hecho la súplica, degollado y desollado las vacas, cortaron los muslos
y los cubrieron de
grasa a uno y otro lado y colocaron carne sobre ellos. No tenían vino
para libar sobre las
víctimas mientras se asaban, pero libaron con agua mientras se quemaban
las entrañas.
Cuando ya se habían quemado los muslos y probaron las entrañas,
cortaron en trozos lo
demás y lo ensartaron en pinchos.
«Entonces el profundo sueño desapareció de mis párpados
y me puse en camino hacia
la rápida nave y la ribera del mar. Y, cuando me hallaba cerca de la
curvada nave, me
rodeó un agradable olor a grasa. Rompí en lamentos e invoqué
a gritos a los dioses
inmortales:
«"Padre Zeus y demás dioses felices que vivís siempre;
para mi perdición me habéis
hecho acostar con funesto sueño, pues mis compañeros han resuelto
un tremendo acto
mientras estaban aquí."
«En esto llegó Lampetía, de luengo peplo, rápida
mensajera a Helios Hiperión, para
anunciarle que habíamos matado a sus vacas. Y éste se dirigió
al punto a los inmortales
acongojado en su corazón:
«"Padre Zeus y los demás dioses felices que vivís siempre,
castigad ya a los
compañeros de Odiseo Laertíada que me han matado las vacas -¡obra
impía!-, con las que
yo me complacía al dirigirme hacia el cielo estrellado y al volver de
nuevo hacia la tierra
desde el cielo. Porque si no me pagan una recompensa equitativa por las vacas,
me
hundiré en el Hades y brillaré para los muertos."
«Y contestándole dijo Zeus, el que reúne las nubes:
«"Helios, sigue brillando entre los inmortales y los mortales hombres
sobre la tierra
nutricia, que yo lanzaré mi brillante rayo y quebraré enseguida
su nave en el ponto rojo
como el vino."
«Esto es lo que yo oí decir a Calipso, de hermoso peplo, y ella
decía que se lo había
oído a su vez a Hermes.
«Conque, cuando bajé hasta la nave y el mar, los reprendí
a unos y otros poniéndome a
su lado, pero no podíamos encontrar remedio las vacas estaban ya muertas.
Entonces los
dioses comenzaron a manifestarles prodigios: las pieles caminaban, la carne
mugía en el
asador, tanto la cruda como la asada. Así es como las vacas cobraron
voz.
«Durante seis días mis fieles compañeros prosiguieron banqueteándose
y llevándose las
mejores vacas de Helios, pero cuando Zeus Cronida nos trajo el séptimo,
