Libros Gratis - El Hombre de la Mascara de Hierro
 
 
         

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arena.
«El terror se apoderó de mis compañeros y, mientras la mirábamos temiendo morir,
Escila me arrebató de la cóncava nave seis compañeros, los que eran mejores de brazos y
fuerza. Mirando a la rápida nave y siguiendo con los ojos a mis compañeros, logré ver
arriba sus pies y manos cuando se elevaban hacia lo alto. Daban voces llamándome por
mi nombre, ya por última vez, acongojados en su corazón. Como el pescador en un
promontorio, sirviéndose de larga caña, echa comida como cebo a los pececillos (arroja al
mar el cuerno de un toro montaraz) y luego tira hacia fuera y los coge palpitantes, así mis
compañeros se elevaban palpitantes hacia la roca.
«Escila los devoró en la misma puerta mientras gritaban y tendían sus manos hacia mí
en terrible forcejeo. Aquello fue lo más triste que he visto con mis ojos de todo cuanto he
sufrido recorriendo los caminos del mar. Cuando conseguimos escapar de la terrible Caribdis y de Escila, llegamos enseguida a la irreprochable isla del dios donde estaban las
hermosas carianchas vacas y los numerosos rebaños de ovejas de Helios Hiperión.
«Cuando todavía me encontraba en la negra nave pude oír el mugido de las vacas en
sus establos y el balar de las ovejas. Entonces se me vino a las mientes la palabra del
adivino ciego, el tebano Tiresias, y de Circe de Eea, quienes me encomendaron
encarecidamente evitar la isla de Helios, el que alegra a los mortales.
«Así que dije a mis compañeros acongojado en mi corazón:,
«"Escuchad mis palabras, compañeros que tantas desgracias habéis sufrido, para que os
manifieste las predicciones de Tiresias y de Circe de Eea, quienes me encomendaron
encarecidamente evitar la isla de Helios, el que alegra a los mortales, pues me dijeron que
aquí tendríamos el más terrible mal. Conque conducid la negra nave lejos de la isla."
«Así dije y a ellos se les quebró el corazón.
«Entonces Euriloco me contestó con odiosa palabra:
«"Eres terrible, Odiseo, y no se cansa tu vigor ni tus miembros. En verdad todo lo
tienes de hierro si no permites a tus compañeros agotados por el cansancio y por el sueño
poner pie a tierra en una isla rodeada de corriente, dónde podríamos prepararnós sabrosa
comida. Por el contrario, les ordenas que anden errantes por la rápida noche en el
brumoso ponto, alejándose de la isla. De la noche surgen crueles vientos, azote de las
naves. ¿Cómo se podría huir del total exterminio si por casualidad se nos viene de repente
un huracán de Noto o de Céfixo de soplo violento, que son quienes, sobre todo, destruyen
las naves por voluntad de los soberanos dioses? Cedamos, pues, a la negra noche y
preparémonos una comida quedándonos junto a la rápida nave. Y al amanecer
embarcaremos y lanzaremos la nave al vasto ponto,"
«Así dijo Euríloco y los demás compañeros aprobarón sus palábras, Entonces me di
cuenta de que un demón nos preparaba desgracia y, hablándoles, dije aladas palabras:
«"Euríloco, mucho me forzáis, solo como estoy. Pero, vamos, juradme al menos con
fuerte juramento que si encontramos una vacada o un gran rebaño de ovejas, nadie,
llevado de funesta insensatez, matará vaca u oveja alguna. Antes bien; comed tranquilos
el alimento que nos dio la inmortal Circe."
«Así dije y todos juraron al punto tal como les había dicho. Así que cuando habían
jurado y completado su juramento, detuvimos en el cóncavo Puerto nuestra bien
construida nave, cerca de agua dulce; desembarcaron mi compañeros y se prepararon con
habilidad la comida.
«Luego que habían arrojado de sí el deseo de comida y bebida, comenzaron a llorar
-pues se acordaron enseguida- por los compañeros a quienes había devorado Escila,
arrebatándlos de la cóncava nave; y mientras lloraban, les sobrevino un profundo sueño.
«Cuando terciaba la noche y declinaban los astros, Zeus, el que amontona las nubes,
levantó un viento para que soplara en terrible huracán y cubrió de nubes tierra y mar. Y
se levantó del cielo la noche.
«Cuando se mostró Eos, la que nace de la mañana, la de dedos de rosa, anclamos la
nave arrastrándola hasta una gruta, donde estaba el hermoso lugar de danza de las Ninfas
y sus asientos.
«Entonces los convoqué en asamblea y les dije:
«"Amigos, en la rápida nave tenemos comida y bebida; apartémonos de las vacas no
sea que nos pase algo malo, que estas vacas y gordas ovejas pertenecen a un dios terrible,
a Helios, el que lo ve todo y todo lo oye."


 

 
 

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