Libros Gratis - El Hombre de la Mascara de Hierro
 
 
         

    LIBROS GRATIS

    Libros Gratis
    Libros para Leer Online
    Recetas de Cocina
    Letras de Tangos
    Guia Medica
    Filosofia
    Derecho Privado



él sepa lo que
habéis hecho, pensará en lo que debéis hacer.
-¿Debo entonces quedarme aquî? -preguntó Milady.
-Aquí o en los alrededores.
-¿No podéis llevarme con vos?
-No, la orden es formal; en los alrededores del campamento podríais ser reconocida, y vuestra
presencia, como comprenderéis, comprometería a Su Eminencia, sobre todo después de lo que
acaba de pasar allá. Sólo que decidme por adelantado dónde esperaréis noticias del cardenal,
que yo sepa siempre dónde encontraros. -Escuchad, es probable que no pueda permanecer aquí.
-¿Por qué?
-Olvidáis que mis enemigos pueden llegar de un momento a otro.
-Cierto; pero entonces, ¿esa mujercita va a escapársele a Su Eminencia?
-¡Bah! -dijo Milady con una sonrisa que no pertenecía más que a ella-. Olvidáis que yo soy su
mejor amiga.
-¡Ah, es cierto! Puedo, por tanto, decir al cardenal que, respecto a esa mujer...
-Que esté tranquilo.
-¿Eso es todo?
-El sabrá lo que quiere decir.
-Lo adivinará. Ahora, veamos, ¿qué debo hacer yo?
-Salir al instante; me parece que las nuevas que lleváis bien merecen que nos demos prisa.
-Mi silla se ha partido al entrar en Lillers.
-¡Estupendo!
-¿Cómo estupendo?
-Sí, necesito vuestra silla -dijo la condesa.
-¿Y cómo iré yo entonces?
-A todo galope.
-Os tienen sin cuidado esas ciento ochenta leguas.
-¿Qué es eso?
-Se harán. ¿Y luego?
-Luego, al pasar por Lillers, me devolvéis la silla con orden a vues tro criado de ponerse a mi
disposición.
-Bien.
-Indudablemente, tendréis encima de vos alguna orden del car denal...
-Tengo mi pleno poder.
-Lo mostraréis a la abadesa diciendo que vendrán a buscarme, bien hoy, bien mañana, y que
yo tendré que seguir a la persona que se presente en vuestro nombre.
-¡Muy bien!
-No olvidéis tratarme duramente cuando habléis de mí a la abadesa.
-¿Por qué?
-Yo soy una víctima del cardenal. Tengo que inspirar confianza a esa pobre señora Bonacieux.
-De acuerdo. Ahora, ¿queréis hacerme un informe de todo lo que ha pasado?
-Ya os he contado los acontecimientos, tenéis buena memoria, repetid las cosas tal como os las
he dicho, un papel se pierde.
-Tenéis razón; basta con saber dónde encontraros, para que no vaya a recorrer inútilmente por
los alrededores.
-Es cierto, esperad.
-¿Tenéis un mapa?
-¡Oh! Conozco esta región de maravilla.
-¿Vos? ¿Cuándo habéis venido aquí?
-Fui criada aquí.
-¿De verdad? -Siempre sirve de algo, como veis, haber sido criada en alguna parte.
-Entonces me esperáis...
-Dejadme pensar un instante; claro, mirad, en Armentières.
-¿Qué es Armentières?
-Una pequeña aldea junto al Lys; no tendré más que cruzar el río y estoy en un país
extranjero.
-¡De maravilla! Pero que quede claro que no atravesaréis el río más que en caso de peligro.
-Por supuesto.
-Y en ese caso, ¿cómo sabré dónde estáis?
-¿Necesitáis a vuestro lacayo?
-No.
-¿Es un hombre seguro?
-A toda prueba.
-Dádmelo; nadie lo conoce, lo dejo en el lugar del que mé voy y él os lleva adonde estoy.
-¿Y decís que me esperáis en Armentières?
-En Armentières -respondió Milady.
-Escribidme ese nombre en un trozo de papel, no vaya a ser que lo olvide; un nombre de aldea
no es comprometedor, ¿no es as?
-¿Quién sabe? No imports - dijo Milady escribiendo el nombre en media hoja de papel-, me
comprometo.
-¡Bien! -dijo Rochefort cogiendo de las manos de Milady el papel, que plegó y metió en el forro
de su sombrero-. Por otra parte, tranquilizaos; voy a hacer como los niños, y en caso de que
pierda ese papel, repetiré el nombre durante todo el camino. Y ahora, ¿eso es todo?


 

 
 

Copyright (C) 1996- 2000 Escolar.com, All Rights Reserved. This web site or any pages within may not be reporoduced without express written permission