Libros Gratis - El Hombre de la Mascara de Hierro
 
 
         

    LIBROS GRATIS

    Libros Gratis
    Libros para Leer Online
    Recetas de Cocina
    Letras de Tangos
    Guia Medica
    Filosofia
    Derecho Privado




Capítulo XLIII

El albergue del Colombier-Rouge

Apenas llegado al campamento, el rey, que tenía tanta prisa por encontrarse frente al enemigo
y que, con mejor derecho que el cardenal, compartía su odio contra Buckingham, quiso hacer
todos los preparativos, primero para expulsar a los ingleses de la isla de Ré, luego para apresurar
el asedio de La Rochelle; pero, a pesar suyo, se demoró por las disensiones que estallaron entre
los señores de Bassompierre y Schomberg contra el duque de Angulema. Los señores de Bassompiere y Schomberg eran mariscales de Francia y reclamaban su derecho
a mandar el ejército bajo las órdenes del rey; pero el cardenal, que temía que Bassompierre,
hugonote en el fondo del corazón, acosase débilmente a ingleses y rochelleses, sus hermanos de
religión, apoyaba por el contrario al duque de Angulema, a quien el rey, a instigación suya, había
nombrado teniente general. De ello resultó que, so pena de ver a los señores de Bassompierre y
Schomberg abandonar el ejército, se vieron obligados a dar a cada uno un mando particular;
Bassompierre tomó sus acuartemamientos al norte de la ciudad desde La Leu hasta Dompierre;
el duque de Angulema al este, desde Dompierre hasta Périgny; y el señor de Schomberg al
mediodía, desde Périgny hasta Angoutin.
El alojamiento de Monsieur estaba en Dompierre.
El alojamiento del rey estaba tanto en Etré como en La Jarrie.
Finalmente, el alojamiento del cardenal estaba en las dunas, en el puente de La Pierre en una
simple casa sin ningún atrincheramiento.
De esta forma, Monsieur vigilaba a Bassompierre; el rey, al duque de Angulema, y el cardenal,
al señor de Schomberg.
Una vez establecida esta organización, se ocuparon de echar a los ingleses de la isla.
La coyuntura era favorable: los ingleses, que ante todo necesitan buenos víveres para ser
buenos soldados, al no comer más que carnes saladas y mal pan, tenían muchos enfermos en su
campamento; ade más el mar, muy malo en aquella época del año en todas las costas del
Océano, estropeaba todos los días algún pequeño navío; y con cada marea la playa, desde la
punta del Aiguillon hasta la trinchera, se cubría literalmente de restos de pinazas, de troncos de
roble y de falúas; de lo cual resultaba que, aunque las gentes del rey se mantuviesen en su
campamento, era evidente que un día a otro Buckingham, que sólo permanecía en la isla de Ré
por obstinación, se vena obligado a levantar el sitio.
Pero como el señor de Toiras hizo decir que en el campamento enemigo se preparaba todo par
un nuevo asalto, el rey juzgó que había que terminar y dio las órdenes necesarias para un ataque
decisivo.
No siendo nuestra intención hacer un diario de asedio, sino por el contrario contar sólo los
sucesos que tienen que ver con la historia que contamos, nos contentaremos con decir en dos
palabras que la empre sa tuvo éxito para gran asombro del rey y a la mayor gloria del señor
cardenal. Los ingleses, rechazados paso a paso, batidos en todos los encuentros, aplastados al
pasar por la isla de Loix, se vieron obligados a embarcar de nuevo, dejando en el campo de
batalla dos mil hom bres, entre ellos cinco coroneles, tres tenientes coroneles, doscientos
cincuenta capitanes y veinte gentileshombres de calidad, cuatro piezas de cañn y sesenta
banderas, que fueron llevadas a París por Claude de Saint-Simon y colgadas con gran pompa en
las bóvedas de Notre-Dame.
Fueron cantados tedéum en el campamento, y de ahí se esparcieron por toda Francia.
El cardenal quedó, pues, dueño de proseguir el asedio sin tener, al menos momentáneamente,
nada que temer de parte de los ingleses.
Pero como acabamos de decir, el reposo era solo momentáneo.
Un enviado del duque de Buckingham, llamado Montaigu, había sido capturado, y se le había
encontrado la prueba de una liga en tre el Imperio, España, Inglaterra y Lorena.
Aquella liga estaba dirigida contra Francia. Además, en el alojamiento de Buckingham, que se había visto obligado a abandonar más
precipitadamente de lo que habría creído, se habían encontrado papeles que confirmaban aquella
liga y que, por lo que afirma el señor cardenal en sus Memorias, comprometían mucho a la
señora de Chevreuse y por consiguiente a la reina.
Era sobre el cardenal sobre el que pesaba toda la responsabilidad, porque no se es ministro
absoluto sin ser responsable; por eso todos los recursos de su vasto ingenio


 

 
 

Copyright (C) 1996- 2000 Escolar.com, All Rights Reserved. This web site or any pages within may not be reporoduced without express written permission