Libros Gratis - El Hombre de la Mascara de Hierro
 
 
         

    LIBROS GRATIS

    Libros Gratis
    Libros para Leer Online
    Recetas de Cocina
    Letras de Tangos
    Guia Medica
    Filosofia
    Derecho Privado



-Pues bien, haz que te devuelvan mi bolsa, y quédate con las sesenta pistolas.
-Pero monseñor sabe bien que el escribano no suelta lo que coge. Si era moneda falsa todavía
quedaría la esperanza; pero desgraciadamente son piezas buenas.
-Arréglatelas, mi buen hombre, eso no me afecta, tanto más cuanto que no me queda una
libra.
-Veamos -dijo D'Artagnan-, el viejo caballo de Athos, ¿dónde está?
-En la cuadra.
- Cuánto vale?
-Cincuenta pistolas a lo sumo.
-Vale ochenta; quédatelo, y no hay más que hablar.
-¡Cómo! ¿Tú vendes mi caballo? -dijo Athos-. ¿Tú vendes mi Bayaceto? Y ¿en qué haré la
guerra? ¿Encima de Grimaud?
-Te he traído otro - dijo D'Artagnan.
-¿Otro?
-¡Y magnífico! -exclamó el hostelero.
-Entonces, si hay otro más hermoso y más joven, quédate con el viejo y a beber.
-¿De qué? -preguntó el hostelero completamente sosegado.
-De lo que hay al fondo, junto a las traviesas; todavía quedan veinticinco botellas; todas las
demás se rompieron con mi caída. Sube seis.
-¡Este hombre es una cuba! - dijo el hostelero para sí mismo-. Si se queda aquí quince días y
paga lo que bebe, sacará a flote nues tros asuntos.
-Y no olvides -continuó D'Artagnan- de subir cuatro botellas semejantes para los dos señores
ingleses.
-Ahora -dijo Athos-, mientras esperamos a que nos traigan el vino, cuéntame, D'Artagnan, qué
ha sido de los otros; veamos.
D'Artagnan le contó cómo había encontrado a Porthos en su lecho con un esguince y a Aramis
en su mesa con dos teólogos. Cuando acababa, el hostelero volvió con las botellas pedidas y un
jamón que, afortunadamente para él, había quedado fuera de la bodega.
-Está bien -dijo Athos llenando su vaso y el de D'Artagnan por lo que se refiere a Porthos y
Aramis; pero vos, amigo mío, ¿qué habéis hecho y qué os ha ocurrido a vos? Encuentro que
tenéis un aire siniestro.
-¡Ay! -dijo D'Artagnan-. Es que soy el más desgraciado de todos nosotros. -¡Tú desgraciado, D'Artagnan! -dijo Athos-. Veamos, ¿cómo eres desgraciado? Dime eso.
-Más tarde -dijo D'Artagnan.
-¡Más tarde! Y ¿por qué más tarde? ¿Porque crees que estoy bo rracho, D'Artagnan? Acuérdate
siempre de esto: nunca tengo las ideas más claras que con el vino. Habla, pues, soy todo oídos.
D'Artagnan contó su aventura con la señora Bonacieux.
Athos escuchó sin pestañear; luego, cuando hubo acabado:
-Miserias todo eso -dijo Athos-, miserias.
Era la expresión de Athos.
-¡Siempre decís miserias, mi querido Athos! -dijo D'Artagnan-. Eso os sienta muy mal a vos,
que nunca habéis amado.
El ojo muerto de Athos se inflamó de pronto, pero no fue más que un destello; en seguida se
volvió apagado y vacío como antes.
-Es cierto -dijo tranquilamente-, nunca he amado.
-¿Veis, corazón de piedra -dijo D'Artagnan-, que os equivo cáis siendo duro con nuestros
corazones tiernos?
-Corazones tiernos, corazones rotos -dijo Athos.
-¿Qué decís?
-Digo que el amor es una lotería en la que el que gana, gana la muerte. Sois muy afortunado
por haber perdido, creedme, mi querido D'Artagnan. Y si tengo algún consejo que daros, es
perder siempre.
-Ella parecía amarme mucho.
-Ella parecía.
-¡Oh, me amaba!
-¡Infantil! No hay un hombre que no haya creído como vos que su amante lo amaba y no hay
ningún hombre que no haya sido engañado por su amante.
-Excepto vos, Athos, que nunca la habéis tenido.
-Es cierto -dijo Athos tras un momento de silencio-, yo nunca la he tenido. ¡Bebamos!
-Pero ya que estáis filósofo -dijo D'Artagnan-, instruidme, ayu dadme; necesito saber y ser
consolado.
-Consolado ¿de qué?
-De mi desgracia.
-Vuestra desgracia da risa -dijo Athos encogiéndose de hombros-; me gustaría saber lo que
diríais si y o os contase una historia de amor.
-¿Sucedida a vos?
-O a uno de mis amigos, qué importa.
-Hablad, Athos, hablad.
-Bebamos, haremos mejor.
-Bebed y contad.
-Cierto que es posible -dijo Athos vaciando y volviendo a llenar su vaso-, las


 

 
 

Copyright (C) 1996- 2000 Escolar.com, All Rights Reserved. This web site or any pages within may not be reporoduced without express written permission