Libros Gratis - El Hombre de la Mascara de Hierro
 
 
         

    LIBROS GRATIS

    Libros Gratis
    Libros para Leer Online
    Recetas de Cocina
    Letras de Tangos
    Guia Medica
    Filosofia
    Derecho Privado



-¿Qué significa esto? -preguntó Aramis.
-Coged lo que os hace falta para un viaje de quince días y seguidme.
-Pero no puedo dejar Paris en este momento sin saber...
Aramis se etuvo.
-Lo que ha pasado con ella, ¿no es eso? -continuó D'Artagnan.
-¿Quién? -prosiguió Aramis.
-La mujer que estaba aquí, la mujer del pañuelo bordado.
-¿Quién os ha dicho que aquí había una mujer? -replicó Aramis tornándose pálido como la
muerte.
-Yo la vi.
-¿Y sabéis quién es?
-Creo sospecharlo al menos.
-Escuchad -dijo Aramis-, puesto que sabéis tantas cosas, ¿sa béis qué ha sido de esa mujer?
-Presumo que ha vuelto a Tours.
-¿A Tours? Sí, eso puede ser, la conocéis. Pero ¿cómo ha vuelto a Tours sin decirme nada?
-Porque temió ser detenida.
-¿Cómo no me ha escrito?
-Porque temió comprometeros.
-¡D'Artagnan, me devolvéis la vida! -exclamó Aramis-. Me creía despreciado, traicionado.
¡Estaba tan contento de volverla a ver! Yo no podía creer que arriesgase su libertad por mí, y sin
embargo, ¿por qué causa habrá vuelto a Paris?
-Por la causa que hoy nos hace ir a Inglaterra.
-¿Y cuál es esa causa? -preguntó Aramis.
-La sabréis un día, Aramis; por el momento, yo imitaré la discreción de la nieta del doctor.
Aramis sonrió, porque se acordaba del cuento que había referido cierta noche a sus amigos.
-¡Pues bien! Dado que ella ha abandonado Paris y que vos estáis seguro de ello, D'Artagnan,
nada me detiene aquí y yo estoy dispuesto a seguiros. Decís que vamos a...
-A casa de Athos por el momento, y, si queréis venir, os invito a daros prisa, porque hemos
perdido ya demasiado tiempo. A propósito, avisad a Bazin. -¿Bazin viene con nosotros? -preguntó Aramis.
-Quizá. En cualquier caso, está bien que por ahora nos siga a casa de Athos.
Aramis llamó a Bazin, y tras haberle ordenado ir a reunirse con él a casa de Athos, tomando su
capa, su espada y sus tres pistolas, y abriendo inútilmente tres o cuatro cajones para ver si
encontraba en ellos alguna pistola extraviada, dijo:
-Partamos, pues.
Luego, cuando estuvo bien seguro de que aquella búsqueda era superflua, siguió a D'Artagnan,
preguntándose cómo era que el joven cadete de los guardias había sabido quién era la mujer a la
que él había dado hospitalidad y conociese mejor que él lo que había sido de ella.
Al salir, Aramis puso su mano sobre el brazo de D'Artagnan y, mirándole fijamente, dijo:
-¿Vos no habéis hablado de esa mujer a nadie?
-A nadie en el mundo.
-¿Ni siquiera a Athos y a Porthos?
-No les he soplado ni la menor palabra.
-En buena hora.
Y tranquilo respecto a este importante punto, Aramis continuó su camino con D'Artagnan, y
pronto los dos juntos llegaron a casa de Athos.
Lo encontraron con su permiso en una mano y la carta del señor de Tréville en la otra.
-¿Podéis explicarme lo que significa este permiso y esta carta que acabo de recibir? -dijo Athos
asombrado.

«Mi querido Athos: Puesto que vuestra salud lo exige de mo do indispensable, quiero que
descanséis quince días. Id, pues, a tomar las aguas de Forges o cualquiera otra que os
convenga, y restableceros pronto. Vuestro afectísimo

Tréville.»

-Pues bien, ese permiso y esa carta significan que hay que seguir me, Athos.
-¿A las aguas de Forges?
-Allí o a otra parte.
-¿Para servicio del rey?
-Del rey o de la reina. ¿No somos servidores de Sus Majestades?
En aquel momento entró Porthos.
-¡Pardiez! - dijo-. Vaya cosa más extraña. ¿Desde cuándo entre los mosqueteros se concede a la
gente permisos sin que los pidan?
-Desde que tienen amigos que los piden para ellos -dijo D'Ar tagnan.
-¡Ah, ah! -dijo Porthos-. Parece que hay novedades.
-Sí, nos vamos -dijo Aramis.
-¿Adónde? -preguntó Porthos.
-A fe que no sé nada -dijo Athos-; pregúntaselo a D'Artagnan.
-A Londres, señores - dijo D'Artagnan.
-¡A Londres! -exclamó Porthos-. ¿Y qué vamos a hacer nosotros en Londres?
-Eso es lo que no puedo deciros, señores, y tenéis que fiaros


 

 
 

Copyright (C) 1996- 2000 Escolar.com, All Rights Reserved. This web site or any pages within may not be reporoduced without express written permission