Libros Gratis - El Hombre de la Mascara de Hierro
 
 
         

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en un abismo más profundo que el de los hijos de Urano
899 Dijo, y mandó a Peón que lo curara. Éste lo sanó, aplicándole drogas calmantes;
que nada mortal en él había. Como el jugo cuaja la blanca y líquida leche cuando se le
mueve rápidamente con ella, con igual presteza curó aquél al furibundo Ares, a quien
Hebe lavó y puso lindas vestiduras. Y el dios se sentó al lado de Zeus Cronión, ufano de s
gloria.
907 Hera argiva y Atenea alalcomenia regresaron también al palacio del gran Zeus,
cuando hubieron conseguido que Ares, funesto a los mortales, de matar hombres se
abstuviera. CANTO VI*
Coloquio de Héctor y Andrómaca
* Entre los segundos, lo s troyanos, Héctor, que ha regresado a Troya para ordenar que las mujeres se
congracien con Atenea con plegarias y ofrendas, cuando vuelve al campo de batalla, se encuentra con su
esposa y con su hijo, aún de tierna edad. Y se destaca el comportamiento de Héctor, héroe inocente que
se sacrifica por Troya, y de Paris, culpable y egoísta, que sólo piensa en él. 1 Quedaron solos en la batalla horrenda troyanos y aqueos, que se arrojaban broncíneas
lanzas; y la pelea se extendía, acá y acullá de la llanura, entre las corrientes del Simoente
y del Janto.
5 Ayante Telamonio, antemural de los aqueos, rompió el primero la falange troyana a
hizo aparecer la aurora de la salvación entre los suyos, hiriendo de muerte al tracio más
denodado, al alto y valiente Acamante, hijo de Eusoro. Acertóle en la cimera del casco
guarnecido con crines de caballo, la lanza se clavó en la frente, la broncínea punta
atravesó el hueso y las tinieblas cubrieron los ojos del guerrero. 12 Diomedes, valiente en el combate, mató a Axilo Teutránida, que, abastado de
bienes, moraba en la bien construida Arisbe; y era muy amigo de los hombres, porque en
su casa, situada cerca del camino, a todos les daba hospitalidad. Pero ninguno de ellos
vino entonces a librarlo de la lúgubre muerte, y Diomedes le quitó la vida a él y a su
escudero Calesio, que gobernaba los caballos. Ambos penetraron en el seno de la tierra.
20 Euríalo dio muerte a Dreso y Ofeltio, y fuese tras Esepo y Pédaso, a quienes la
náyade Abarbárea había concebido en otro tiempo del eximio Bucolión, hijo primogénito
y bastardo del ilustre Laomedonte (Bucolión apacentaba ovejas y tuvo amoroso consorcio
con la ninfa, la cual quedó encinta y dio a luz a los dos mellizos): el Mecisteida acabó
con el valor de ambos, privó de vigor a sus bien formados miembros y les quitó la
armadura de los hombros.
29 El belicoso Polipetes dejó sin vida a Astíalo; Ulises, con la broncínea lanza, a Pidites
percosio; y Teucro, a Aretaón divino. Antíloco Nestórida mató con la pica reluciente a
Ablero; Agamenón, rey de hombres, a Élato, que habitaba en la excelsa Pédaso, a orillas
del Satnioente, de hermosa corriente; el héroe Leito, a Fílaco mientras huía; y Eurípilo, a
Melantio.
37 Menelao, valiente en la pelea, cogió vivo a Adrasto, cuyos caballos, corriendo
despavoridos por la llanura, chocaron con las ramas de un tamarisco, rompieron el corvo
carro por el extremo del timón, y se fueron a la ciudad con los que huían espantados. El
héroe cayó al suelo y dio de boca en el polvo junto a la rueda; acercósele Menelao Atrida
con la ingente lanza, y aquél, abrazando sus rodillas, así le suplicaba:
46 -Hazme prisionero, hijo de Atreo, y recibirás digno rescate. Muchas cosas de valor
tiene mi opulento padre en casa: bronce, oro, hierro labrado; con ellas te pagaría inmenso
rescate, si supiera que estoy vivo en las naves aqueas.
51 Así dijo, y le conmovió el corazón. E iba Menelao a ponerlo en manos del escudero,
para que lo llevara a las veleras naves aqueas, cuando Agamenón corrió a su encuentro y
lo increpó diciendo:
55 -¡Ah, bondoso! ¡Ah, Menelao! ¿Por qué así te apiadas de estos hombres?
¡Excelentes cosas hicieron los troyanos en tu casa! Ninguno de los que caigan en nuestras
manos se libre de tener nefanda muerte, ni siquiera el que la madre lleve en el vientre, ni
ése escape! ¡Perezcan todos los de Ilio, sin que sepultura alcancen ni memoria dejen!
61 Así diciendo, cambió la mente de su hermano con la oportuna exhortación. Repelió
Menelao al héroe Adrasto, que, herido en el ijar por el rey Agamenón,


 

 
 

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