«Verás si así lo desea tu ánimo, querido padre, que
no voy a avergonzar tu linaje, como
dices.»
Así habló; Laertes se alegró y dijo su palabra:
«¡Qué día éste para mí, dioses míos!
¡Qué alegría, mi hijo y mi nieto rivalizan en
valentía!»
Y poniéndose a su lado le dijo la de ojos brillantes, Atenea:
«Arcisíada, el más amado de todos tus compañeros,
suplica a la joven de ojos brillantes
y a Zeus, su padre; blande tu lanza de larga sombra y arrójala.»
Así habló y le inculcó un gran valor Palas Atenea. Suplicando
después a la hija de
Zeus, el Grande, blandió y arrojó su lanza de larga sombra e hirió
a Eupites a través del
casco de mejillas de bronce. El casco no detuvo a la lanza y ésta atravesó
el bronce de
lado a lado; cayó aquél con gran estrépito y resonaron
las armas sobre él.
Se lanzaron sobre los primeros combatientes Odiseo y su brillante hijo y los
golpeaban
con sus espadas; y habrían matado a todos y dejádolos sin retorno
si Atenea, la hija de
Zeus portador de égida, no hubiera gritado con su voz y contenido a todo
el pueblo:
«Abandonad, itacenses, la dura contienda, para que os separéis
sin derramar sangre».
Así habló Atenea y el pálido terror se apoderó de
ellos; volaron las armas de sus manos,
aterrorizados como estaban, y cayeron al suelo al lanzar Atenea su voz. Y se
volvieron a
la ciudad deseosos de vivir.
Gritó horriblemente el sufridor, el divino Odiseo y se lanzó de
un brinco como el águila
que vuela alto. Entonces el Cronida arrojó ardiente rayo que cayó
delante de la de ojos
brillantes, la de poderoso padre, y ésta se dirigió a Odiseo:
«Hijo de Laertes, de linaje divino, Odiseo rico en ardides, contente,
abandona la lucha
igual para todos, no sea que el Cronida se irrite contigo, el que ve a lo ancho,
Zeus.»
Así habló Atenea; él obedeció y se alegró
en su ánimo. Y Palas Atenea, la hija de Zeus,
portador de égida, estableció entre ellos un pacto para el futuro,
semejante a Méntor en el
cuerpo y en la voz.
FIN