Felton entró. En aquel momento Buckingham arrojaba sobre un canapé
una rica bata recamada
de oro, para ponerse un jubón de terciopelo azul completamente bordado
de perlas.
-¿Por qué no ha venido el propio barón? -preguntó
Buckingham-. Lo esperaba esta mañana.
-Me ha encargado decir a Vuestra Gracia -respondió Felton que lamentaba
mucho no tener ese
honor, pero que se hallaba impedido por la custodia que está obligado
a hacer del castillo.
-Sí, sí -dijo Buckingham-, ya sé eso, hay una prisionera.
-Precisamente de esa prisionera quería yo hablar a Vuestra Gracia-prosiguió
Felton.
-¡Bien, hablad!
-Lo que tengo que deciros sólo puede ser oído de vos, milord.
-Dejadn os, Patrick -dijo Buckingham-, pero estad cerca de la campanilla; os
llamaré en
seguida.
Patrick salió.
-Estamos solos, señor -dijo Buckingham-; hablad.
-Milord -dijo Felton-, el barón de Winter os ha escrito el otro día
para rogaros que firmaseis
una orden de embarco relativa a una joven llamada Charlotte Backson.
-Sí, señor, y le he contestado que me trajera o me enviara esa
orden y que yo la firmaría.
-Hela aquí, Milord.
-Dadme -dijo el duque.
Y tomándola de las manos de Felton, lanzó sobre el papel una ojeada
rápida. Entonces,
dándose cuenta de que era lo que se le había anunciado, la puso
sobre la mesa, cogió una pluma
y se dispuso a firmar.
-Perdón, milord -dijo Felton deteniendo al duque-, ¿Vuestra Gracia
sabe que el nombre de
Charlotte Backson no es el nombre verdadero de esa mujer?
-Sí, señor, lo sé -respondió el duque mojando la
pluma en el tintero.
-¿Entonces Vuestra Gracia conoce su verdadero nombre? - preguntó
Felton con voz cortada.
-Lo conozco.
El duque acercó la pluma al papel.
-Y conociendo ese nombre verdadero -prosiguió Felton-, ¿monseñor
lo firmará?
-Claro que sí -dijo Buckingham-, y mejor dos veces que una.
-No puedo creer -continuó Felton con una voz que se hacía cada
vez más cortante y brusca-
que Su Gracia sepa que se trata de lady de Winter...
-¡Lo sé perfectamente, aunque estoy asombrado de que lo sepáis
vos!
-¿Y Vuestra Gracia firmará esa orden sin remordimientos?
Buckingham miró al joven con altivez.
-Vaya, señor, ¿sabéis -le dijo- que me estáis haciendo
pregun tas extrañas y que soy muy tonto
por responder a ellas?
-Respondedme, monseñor -dijo Felton-, la situación es más
grave de lo que quizá penséis.
Buckingham pensó que el joven, viniendo de parte de lord de Winter, hablaba
sin duda en su
nombre y se sosegó.
-Sin ningún remordimiento -dijo-, y el barón sabe como yo que
milady de Winter es una gran
culpable y que es casi otorgarle gracia militar su pena al destierro.
El duque posó su pluma sobre el papel.
-¡No firmaréis esa orden, milord! - dijo Felton dando un paso hacia
el duque.
-¿Que no firmaré esta orden? - dijo Buckingham-. ¿Y por
qué?
-Porque haréis examen de conciencia y haréis justicia a Milady.
-Se le hará justicia enviándola a Tyburn - dijo Buckingham-; Milady
es una infame.
-Monseñor, Milady es un ángel, vos lo sabéis de sobra,
y yo os exijo su libertad.
-¡Vaya! -dijo Buckingham-. Estáis loco al hablarme así.
-Milord, perdonadme; hablo como puedo; me contengo. Sin embargo, milord, pensad
en lo que
vais a hacer, ¡y tened cuidado con pasaros de la raya!
-¿Cómo?... ¡Dios me perdone! -exclamó Buckingham-.
¡Pero creo que me está amenazando!
-No, milord, aún ruego, y os digo: una gota de agua basta para hacer
desbordarse el vaso
lleno, una falta ligera puede atraer el castigo sobre la cabeza perdonada a
pesar de tantos
crímenes.
-Señor Felton -dijo Buckingham-, vais a salir de aquí y consideraros
arrestado inmediatamente.
-Vais a escucharme hasta el final, milord. Habéis seducido a esa joven,
la habéis ultrajado y
mancillado: reparad vuestros crímenes para con ella, dejadla partir libremente;
y no exigiré otra
cosa de vos.
-¿Vos no exigiréis? -dijo Buckingham mirando a Felton con asom
bro y haciendo hincapié en
cada una de las sílabas de las tres palabras que acababa de pronunciar.
-Milord -continuó Felton exaltándose a medida que hablaba-, milord,
tened cuidado, toda
