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LITERATURA ESPAÑOLA - El siglo XV. Fin de la Edad Media. Prerrenacimiento
LA PROSA
Un desarrollo paralelo al de la poesía, igualmente variado en modalidades e igualmente
confuso en la busca de nuevos rumbos, encontramos en la prosa. Se transforman los géneros
tradicionales: el histórico y el didáctico. Se crean incipientemente otros nuevos. Nada de
relieve extraordinario hay antes del final del siglo. Todo revela confusión e intento de llegar
mediante síntesis de corrientes opuestas a formas definidas. Se advierte una voluntad de
estilo, en el que se mezclan lo caballeresco y lo histórico; la sátira y lo filosófico; elementos
cultos y elementos populares. Aparece en la literatura el latinismo al lado de la imitación de
la lengua hablada por el pueblo. Como resultado la prosa se hace más abstracta, culta e
intelectual, y, al mismo tiempo, más realista, concreta y popular.
Este es el caso del prosista principal de la primera mitad del siglo, Alfónso Martínez de
Toledo, ARCIPRESTE DE TALAVERA (1398?-1470?), autor del Corbacho o Reprobación del
amor mundano (1438). Siguiendo la tradición satírica de Juan Ruiz, este otro arcipreste traza
en la segunda parte de su libro -la de mayor valor literario-, con el título "De los vicios y
tachas y malas condiciones de las perversas mujeres", un cuadro animado de las costumbres
de la época, junto con una pintura de las flaquezas femeninas altamente cómica a ratos por
su exagerado realismo.
Libro divertido, lleno de páginas que aún se leen con regocijo, el Corbacho es, además,
importante como reflejo de nuevas tendencias literarias. Es la primera obra en la que se
dibuja el doble camino que va a seguir la lengua clásica después del Renacimiento: cultismo
latinizante en el vocabulario y la sintaxis, caracterizado por un excesivo uso del hipérbaton,
y el empleo artístico del lenguaje del pueblo, puesto por Martínez de Toledo con una verba
magnífica, salpicada de refranes y dichos, en boca de las mujeres toledanas.
A esa dualidad del lenguaje, se une en el Corbacho la dualidad entre su elevada doctrina
moral y el realismo descarnado de sus cuadros de costumbres y de algunos cuentos.
Representa por este realismo, dentro de la literatura española, el puente entre el Libro de
Buen Amor y La Celestina.
En sus fuentes, además de Juan Ruiz, hay que señalar la tradición del moralismo medieval, a
Boccaccio y al escritor francés Juan Austin, a quien Martínez de Toledo cita expresamente en
el prólogo como su modelo. El libro es principalmente producto de la literatura antifeminista,
muy abundante en todo el siglo XV, al par que su más alta manifestación.
La sátira contra la mujer se encuentra también frecuentemente en la poesía, como se ve en el
Maldecir de mujeres, del poeta catalán Pedro Torrellas y en otros innumerables ejemplos.