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LITERATURA ESPAÑOLA - El siglo XV. Fin de la Edad Media. Prerrenacimiento
FISONOMIA HISTORICA Y CULTURAL
El hecho saliente de la época es que en ella se acaba la Edad Media y empieza la moderna,
que en la historia universal arranca, como es sabido, de la toma de Constantinopla por los
turcos en 1453; y, en la de España, del comienzo del reinado de los Reyes Católicos. Los
antiguos reinos y condados de la reconquista han sido asimilados por dos monarquías
poderosas: la aragonesa, que ha iniciado ya su expansión por el Mediterráneo, y la castellana.
Quedan aparte el pequeño reino de Navarra, regido por una dinastía francesa, y el de
Portugal, que desde el siglo mil, tiene su historia independiente.
En Castilla, durante el largo reinado de Juan II (1406-1454) y el de Enrique IV (1454-1474), su
sucesor, impera la anarquía de los nobles en constante rebelión. Dos hechos, entre otros
muchos, pueden recordarse como muestra de las perturbaciones de este tiempo. El rápido
encumbramiento, seguido de muerte en el cadalso, del valido don Alvaro de Luna, fracasado
en el propósito de dominar a los grandes señores, y el espectáculo de ruina económica y
degeneración que ofrece la corte de Enrique IV, en Segovia.
En las costumbres sociales es época de esplendor aristocrático. A los castillos fuertes de los
primeros siglos de la Reconquista han sucedido castillos lujosos donde los nobles como el
marqués de Santillana o los infantes de Aragón, viven una existencia fastuosa, cortesana,
entre las justas, paramentos, bordaduras, danzas, músicas e invenciones que evocará
melancólicamente Jorge Manrique. Algunos nobles, como el mismo marqués de Santillana,
cultivan la poesía en sus castillos, remedo tardío de los de Provenza y reúnen allí grandes
bibliotecas. Otros, como don Enrique de Villena, se entregan a la magia y a toda clase de
extravagancias, o como el rey don Enrique, a decadentes placeres sensuales. La vida, igual
que el arte, está representada por la refinada elegancia del gótico florido.
Se acrecienta la crisis interna de la Iglesia, la institución medieval más importante, cuyas
divisiones hemos visto denunciar a Pero López de Ayala. A través de todo el siglo XV la
crítica de su corrupción, que en toda Europa está produciendo herejías anunciadoras de la
Reforma, adquiere en la literatura castellana una cínica desvergüenza en algunas coplas
como las "del Provincial". Se debilita la fe firme de los siglos anteriores. La religiosidad oscila
entre extremos del misticismo -es el momento de los grandes místicos en los Países Bajos-, el
pesimismo y la irreverencia.
El pueblo, como clase autónoma, al aflojarse la rigurosa jerarquía medieval, empieza a dar
señales de vida. Hay rebeliones de campesinos contra los nobles y algunos historiadores
atribuyen a incitaciones populares el comienzo de las persecuciones contra los judíos, que
han adquirido un gran poder. Es interesante, por ejemplo, observar la abundancia de
nombres judíos entre los literatos. Judíos o conversos serán los grandes humanistas Pablo de
Santa María y Alonso de Cartagena, o escritores como Montoro, Baena, Diego de San Pedro,
Rodrigo Cota, y el más grande de todos, Fernando de Rojas, autor de La Celestina.
En el terreno de la comunicación literaria con otros países, la influencia italiana aparece
como dominante, en tanto que desaparecen casi por completo ras influencias francesa y
árabe, tan importantes en la Edad Media.