Textos    |    Libros Gratis    |    Recetas

 

.
LITERATURA ESPAÑOLA - Siglo XVIII: Reforma, Enciclopedia y Neoclasicismo
JOVELLANOS: SINTESIS DE LA EPOCA 
MELENDEZ VALDES Y EL RENACIMIENTO DE LA POESIA. - Uno de los rumbos más
fructíferos de los iniciados por el neoclasicismo fue el del retorno a los buenos modelos de la
antigua poesía española en el siglo XVI. Se contrarrestaron de este modo las dos influencias
que tenían estancada a la poesía: la imitación de los vicios literarios de la decadencia,
derivados de Góngora y Quevedo, y la imitación servil y estéril de modelos extranjeros.
Ese nuevo espíritu de vuelta a la poesía del siglo XVI, sin apartarse por eso de los principios
neoclásicos, guió principalmente al grupo de poetas que reavivaron la antigua escuela de
Salamanca: FRAY DIEGO GONZALEZ, FRAY JUAN FERNANDEZ, JOSE IGLESIAS DE LA
CASA y ANDRES DEL CORRAL, conocidos por los seudónimos pastoriles de Delio, Liseno,
Arcadio y Andrenio, que tomaron a ejemplo de los académicos de la Arcadia romana.
Imitaron principalmente a fray Luis de León, Garcilaso y entre los poetas del siglo XVII, las
anacreónticas de Villegas. A este grupo se unieron entre otros Cadalso (Dalmiro), Forner
(Aminta) y Jovellanos (Jovino), el cual, en la Epístola a sus amigos de Salamanca, les incitaba
a que abandonasen el juego de la poesía pastoril para cantar los nobles asuntos de la poesía
moral y filosófica.
De la Escuela de Salamanca formó parte como uno de sus árcades más jóvenes JUAN
MELENDEZ VALDES (Batilo) (1754-1817), el único poeta verdadero del siglo XVIII en
España. Meléndez, profesor de la Universidad, magistrado y hombre de temperamento
sensual y tierno (dulcísimo Batilio le llama Jovellanos), inclinado al placer del campo y a la
melancolía, sintetiza en su poesía todas las tendencias del siglo.
Escribe primero, bajo la influencia de fray Diego González y de Cadalso, poesía anacreóntica,
bucólica; luego, incitado por su mentor Jovellanos, poesía filosófica y social; más tarde,
poesía elegíaca, sentimental y melancólica. Si bien estos diversos estilos corresponden a
etapas sucesivas, según el gusto dominante en cada momento, muchas veces se funden y
combinan, sin que sea posible separarlos.
Una clasificación de las formas que Meléndez cultiva y un resumen de las influencias
perceptibles en su poesía darán mejor que nada idea de su contenido y tono.
En cuanto a las formas, escribe anacreónticas, letrillas, romances, sonetos, silvas, idilios,
églogas, elegías, odas, discursos y epístolas.
Las influencias están bien mezcladas: Anacreonte, Ovidio, Virgilio, Horacio, Catulo, Tíbulo y
Propercio, entre los clásicos; fray Luis de León, Garcilaso, Villegas, Francisco de la Torre,
Lope y Góngora, entre los españoles del Siglo de Oro; los poetas descriptivos franceses;
Thomson, el poeta escocés, Saint Lambert, Delille; Young y Pope entre los ingleses; los idilios
del suizo Gessner. En la ideología, Locke y Rousseau, principalmente, y Jovellanos, guía
constante de Meléndez.
Al valor representativo que, como se ve por el resumen de formas e influencias, tiene la
poesía del vate salmantino, hay que añadir el propio. Meléndez posee la dulzura de
expresión, la musicalidad, la riqueza de la lengua, imagen y sentimiento distintivo de un
lírico menor auténtico. Descuella en el ardor erótico de algunas anacreónticas, De los labios
de Dorila, La paloma de Filis; o del romance, Rosana en los fuegos; en la serenidad horaciana
de las odas filosóficas, La presencia de Dios, De la verdadera paz; en la melancolía de La
noche y la soledad o de las elegías De las miserias humanas y Mis combates.
Es valiosa también en Meléndez, aunque no siempre original, la poesía inspirada en el
sentimiento de la naturaleza en los tres aspectos característicos de la sensibilidad
dieciochesca: la pastoral artificiosa y rococó, poesía de jardín; la descriptiva de los placeres
del campo; y la subjetiva, prerromántica y sentimental.
De menor interés, carente casi por
completo de originalidad, es su poesía humanitarista,
filantrópica, cuya única significación es la de probar hasta qué punto la sensibilidad de la
época está empapada de enciclopedismo.
En la historia de la lírica española, Meléndez representa ante todo el lazo de unión entre la
poesía del Siglo de Oro y la de los románticos. Llena así el vacío de más de un siglo.
Discípulo y continuador de Meléndez Valdés fue NICASIO ALVAREZ DE CIENFUEGOS
(1764-1809), poeta de temperamento impetuoso y ya claramente prerromántico. Inferior al
maestro en la poesía anacreóntica pastoral, va más lejos que él en la nota revolucionaria de
humanitarismo a lo Rousseau en composiciones como En alabanza de un carpintero llamado
Alfonso. Otras, como Escuela del sepulcro, tratan con un sentimiento de melancolía exaltada
los temas conjuntos de la noche y la muerte característicos del prerromanticismo.
También típicamente sentimental es La rosa del desierto. Las innovaciones de léxico y
metáfora, el ritmo poético, más dinámico que el de Meléndez, y el acento total de su
inspiración le señalan como un precursor de la poesía del siglo siguiente.