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LITERATURA ESPAÑOLA - Cervantes
OBRAS MENORES. LA POESIA Y EL TEATRO
LAS COMEDIAS. - Tampoco alcanzó Cervantes las altas cimas del arte en el género
dramático más cultivado por él durante los primeros veinte años de su vida de escritor. A
pesar de ello es uno de los dramaturgos más importantes entre los anteriores a Lope de Vega
y en un aspecto al menos, en el arte cómico de sus Entremeses, no tiene rival en todo el
teatro clásico español.
Suele dividirse su producción teatral en dos épocas, separadas por el triunfo del nuevo
concepto del arte dramático que introdujo Lope de Vega. Cervantes dejó entonces "la pluma
y las comedias" por incompatibilidad con el gusto del público, favorable a las innovaciones
del Fénix de los Ingenios. Bastantes años después volvió a escribir para el teatro, aceptando
ya en parte esas innovaciones, por ejemplo, en la división de la comedia en tres jornadas o en
la libertad con que se introducen en la obra muchos episodios ajenos a la acción principal.
En su primera época como autor teatral (1581-1587), escribió unas veinte o treinta comedias.
Algunas se representaron con aplauso. Las posteriores a 1600 no debieron llegar a la escena.
Juntamente con las que conservaba o estimaba más de las antiguas, las reunió y dio a la
estampa a petición de un librero en 1615, con el título de Ocho comedias y ocho entremeses.
Presenta este teatro gran variedad de temas, riqueza de observación psicológico-moral y la
permanente dualidad cervantina. Su inspiración, aquí como en el resto de su obra, nace de
dos mundos opuestos y en ellos se apoya: la vida, incluyendo en gran medida, aspectos de
carácter autobiográfico, y el vasto campo de la ficción, es decir, la realidad y la poesía.
Cuatro de las comedias se inspiran en recuerdos de su propio cautiverio, proyectados sobre
un marco romántico de temas orientales: Los tratos de Argel -escrita hacia 1580, cuando aún
tenía frescas en la memoria las impresiones de la vida argelina-, El gallardo español, La gran
sultana y Los baños de Argel.
El mundo caballeresco y pastoral con fondo amoroso e imaginativo tomado de la novela
italiana está representado por La casa de los celos y El laberinto de amor. De aventura,
intriga y enredo, a la manera de las comedias de capa y espada, pero con implicaciones
morales y psicológicas poco usuales en las obras de su tipo, La entretenida.
Pero probablemente las comedias superiores son las de carácter más realista, picaresco,
aunque realidad y picarismo sean en ellas sólo motivos artísticos que aparecen fundidos con
aspectos ideales. En El rufián dichoso, lo picaresco del primer acto se presenta en contraste
con el tema religioso de la comedia de santos. Basada en la historia de fray Cristóbal de Lugo,
vemos al protagonista pasar de una juventud turbulenta a una ardorosa vida espiritual en
tierras de Nueva España. En la otra, Pedro de Urdemalas, lo picaresco, pintado en cuadros
deliciosos de la vida baja y gitanesca, está mezclado con escenas fantásticas de gracia ligera
que alivian su peso.
Lugar separado merece la Comedia del cerco de Numancia, que es en rigor una tragedia,
una alegoría del patriotismo español, basada en la historia de la ciudad celtibérica que en el
siglo II a. d. J. C. resistió el asedio de los romanos, y en la que todos sus habitantes
prefirieron la muerte a la deshonra de la rendición. Larga, informe, con una gran abundancia
de personajes, reales y alegóricos, no bien dibujados, más que por su arte, vale la Numancia
por la elevación del tono, por la intensidad del sentimiento patriótico y el vigor del aliento
colectivo que hace del pueblo todo el verdadero protagonista del drama. Ello explica el
entusiasmo que inspiró a algunos románticos como Shelley y Goethe, y el que en varios
momentos difíciles de la historia de España -la guerra de la Independencia o la última guerra
civil-se haya resucitado con éxito. Es con todos sus defectos la obra más inspirada que la
imitación de la tragedia clásica produjo en España, y un ejemplo patente del noble espíritu
heroico que en todo momento encontramos en Cervantes.