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GEOGRAFIA ECONOMICA - Cultivos tropicales y de climas templados
AGRICULTURA MEDITERRANEA
En este aspecto ofrece un aspecto notable la agricultura mediterránea, por ser la predominante
en las zonas costeras del Mediterráneo, pero que se ha extendido a otras zonas de clima
templado, cielo limpio, verano seco, lluvias moderadas en invierno y abundantes en primavera
y otoño, tales como la costa norteamericana del Pacífico, la región central de Chile, el extremo
occidental de Sudáfrica y el sur de Australia. En el Mediterráneo occidental no es raro obtener
en una misma parcela una cosecha de papas de primavera, una de otoño y hortalizas de
invierno. Los bajos y tierras fácilmente regables se dedican a huertas, los llanos y valles a
cereales y tubérculos y las laderas de los montes a viñedos y árboles frutales. Sin embargo, es
frecuente el intercultivo, para aprovechar al máximo los abonos y labores. Si ocurren lluvias a la
entrada del verano, se siembra maíz sobre los rastrojos de la cebada o la avena. Es enorme la
cantidad de hortalizas y frutas que se envían desde el Mediterráneo a los mercados del centro y
norte de Europa. También se reciben frutas de Sudáfrica, América del Sur y Australia,
aprovechando la diferencia de estaciones entre el hemisferio norte y el hemisferio sur.
En las riberas del Mediterráneo, el cultivo de la vid, algarroba, higos, nueces, almendras,
avellanas, dátiles y otras
frutas secas se hace en gran escala, aunque en plantaciones poco
extensas. La vid es importante en España y Francia y su cultivo llega a las llanuras prusianas o a
los límites del desierto en Argelia. Así como la cerveza y la mayoría de alcoholes pueden
destilarse en cualquier parte, el vino se hace donde hay la uva, y el Mediterráneo es desde
antiguo el manantial de los vinos selectos. Francia es el país de mayor producción y el que la
tiene más industrializada. El olivo está particularmente extendido en Italia y España, pero
España produce la mitad del aceite de oliva que se consume en el mundo. Las naranjas y frutas
cítricas se producen en todo el Mediterráneo, pero especialmente en España, que es la primera
exportadora de naranja en cantidad y calidad. Un milagro de energía e improvisación ha sido el
de las colonias hebreas de Palestina, que en pocos años cambiaron en vergeles las tierras
esquilmadas e improductivas, compitiendo ventajosamente con España e Italia en las
exportaciones de frutas. En Argelia, Túnez y parte de Marruecos, las explotaciones agrícolas
adquieren un carácter
más extensivo, como en California, Sud. Africa, Australia, Chile,
Argentina y Uruguay, sin que en ninguna parte revistan las proporciones de los cultivos
cerealistas o de las explotaciones ganaderas. La agricultura de los países mediterráneos es sin
duda la más diversificada e intensa que se conoce. Prácticamente se produce de todo, desde lo
tropical a lo ártico, y la producción está más comercializada que en parte alguna. El
fraccionamiento de la propiedad hace que los que en ella trabajan sean interesados directos en la
producción, que sean hábiles, expertos y que den a la distribución del tiempo la máxima
utilidad. Sin embargo, no le queda a la zaga la agricultura cerealista y forrajera del centro y
norte de Europa, donde también el fraccionamiento de la propiedad se demuestra en el cuadro
al pie de esta página.
A despecho de la esterilidad natural del suelo, como vimos en el capítulo anterior, las tierras de
la Europa occidental son las de más elevados rendimientos por hectárea. La densa población de
esas regiones hace posible el tipo de agricultura comercial que en ellas prevalece y que, gracias a
los métodos empleados, mucho trabajo, muchos abonos, buen régimen de lluvias, excelentes
medios de transporte y la colocación segura del producto en un mercado apetente e inmediato,
ha dado resultados tan elocuentes. Allí, como en gran parte del occidente de Europa, se sigue el
sistema de rotación de cosechas que abarca seis años: el primero se siembra avena u otro cereal;
el segundo, nabos y papas; el tercero, centeno o trigo; el cuarto, heno y pastos de un año; el
quinto, heno y pastos de dos años, y el sexto, heno y pastos de tres
años. Los cultivos de
tubérculos incluyen papas, nabos, zanahorias y remolachas forrajeras. Por lo general, el
agricultor siembra aproximadamente la misma superficie de cada cosecha, para distribuir bien
sus labores, mantener la rotación y asegurar la manutención y engorde de sus animales. La
organización cooperativa es el complemento de integración comercial de los cultivos en régimen
de pequeña propiedad, como empieza a serlo en California, Sudáfrica, Australia y América del
Sur.