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BIOLOGÍA - Las células de nuestro organismo
DIFERENCIACIÓN
Cada uno de nosotros se origina en una célula única, la célula huevo, resultante de la unión
del espermatozoide con el óvulo. Esta célula única, de centésimas de milímetro, que produce
por divisiones sucesivas, alternadas con fases de crecimiento, todos los tejidos y órganos de
nuestro cuerpo, es una de las mayores maravillas del Universo.
La célula huevo se divide en dos, éstas en otras dos, y así sucesivamente. Al principio todas
las células formadas son iguales; pero poco a poco van tomando formas distintas que les
permitirán, en el futuro, desempeñar las diversas funciones orgánicas. A través del embrión
vamos apreciando así una diferenciación celular, que implica una especialización y restringe
las posibilidades funcionales de la célula. Las células embrionarias iniciales, aun
indiferenciadas, dan origen a células que se van diferenciando y especializando hasta que, en
el organismo ya completamente formado, cada célula sólo puede desempeñar una función
única, para la cual su localización, su forma y su estructura se tornan adecuadas.
Sin embargo, en muchos seres algunas estirpes celulares conservan la potencialidad de las
células embrionarias y son capaces por sí mismas de regenerar todo el organismo. En el
hombre esa capacidad de regeneración está muy reducida, pero se revela todavía en la
cicatrización de las heridas, en la consolidación de los huesos fracturados, en los nervios, que
cortados, o aun extirpados en cierta extensión, crecen nuevamente y se regeneran.
Del conjunto de todas las células de nuestro organismo es necesario destacar las células
germinales que darán origen a las células reproductoras, óvulos y espermatozoides. Mientras
todas las demás estirpes celulares habrán de extinguirse irrevocablemente con el individuo de
que forman parte, la estirpe germinal se prolongará a través de las generaciones, siendo
potencialmente inmortal.