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PEDAGOGÍA - Los límites de la educación
REVOLUCION: SU SIGNIFICADO
A partir del siglo XIX el término revolución se va llenando con todo el significado que le da el
socialismo. Desde 1789 revolución no es ya volver al punto de partida, no es la vuelta de la rueda
sobre su eje, es algo más preciso y claro, es la salvación rápida que hallarán los hombres, todos los
hombres, de una vez para siempre, si eliminan lo que les estorba y establecen una nueva
legislación con arreglo a nuevos principios de justicia. No se piensa en reformar al hombre, entre
otras cosas porque el hombre no necesita ser reformado, porque es esencialmente bueno —ya lo
ha dicho Rousseau—, sino en reformar las leyes que rigen al hombre. Basta con cambiar las leyes
para que todo resulte mejor; no piensan que la armadura de hierro que hoy aprisiona a este
hombre que lanza al viento su grito de angustia, aprisionará mañana, con la nueva ley, a otro y a
otro; no piensan que el hombre no saldrá de su prisión porque es prisionero, en la vida, de su
propia naturaleza.
El siglo XIX heredó el mito de la Revolución francesa, creyó en ella. El hombre europeo del siglo
XX no cree en la revolución, está subsumido en ella, la padece; la revolución ha deshecho su hogar
y su vida; con todo, no cree en ella, no tiene fe en la revolución. Vencido o vencedor, sabe que esa
revolución por sí sola no puede hacer la única revolución necesaria, que es: la transformación del
hombre.
Esa transformación del hombre sólo puede y debe hacerla la educación. La educación tiene sus
límites, cierto, pero dentro de sus linderos le queda todavía un campo grande, una zona extensa
para realizar su misión.