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PEDAGOGÍA - Etapas fundamentales de la educación
A pesar de que la educación del individuo se presenta en todos sus
aspectos sin solución de
continuidad, razones biológicas y psicológicas obligan a establecer distintas etapas. El niño se
transforma a ojos vistas; en el primer año de vida los cambios son tan notables, que semana a
semana y mes a mes se comprueba un adelanto. A medida que la edad avanza, el ritmo de las
transformaciones se hace más lento, pero no por ello dejan de ser menos notables. Primero, las
actividades sensoriales, después las motrices y, por último, el despertar de la inteligencia, para
desembocar en la crisis de la pubertad, que da origen al individuo adulto.
Las circunstancias en que se producen estos cambios permanecen inalteradas en sus líneas
generales para todos los niños, cualquiera sea su raza u origen social. En casos particulares sufren
retrasos o adelantos: el clima y los factores sociales —valor de los alimentos, mayores o menores
cuidados— son las causas que el maestro debe tener siempre en cuenta en cada individuo aislado.
Estas variaciones son el mejor índice del estado de un pueblo, y constituyen —ya sean positivas o
negativas— el elogio o la acusación contra la obra de sus gobernantes. En una sociedad bien
organizada, donde las necesidades más indispensables de la vida pueden ser satisfechas por todos,
el niño alcanza siempre un grado óptimo de desarrollo.
No obstante, el factor hogareño conspira muchas veces contra toda medida por saludable que sea;
hay padres que por ignorancia o por estar imbuidos de prejuicios, oponen una valla al crecimiento
armónico de sus hijos, y lo que estiman solícitos cuidados, frecuentemente sólo son impedimentos
para el verdadero desarrollo. Por ello, en todas partes se procura intensificar el conocimiento de
las necesidades del niño, de sus problemas, y extender estas nociones más allá del círculo de los
pedagogos, para hacerlas del dominio público. La preparación de las futuras madres, agregando a
su formación cultural o profesional la necesaria para su función específica de mujer, es una
necesidad imperiosa en la sociedad moderna, y un corolario indispensable para la organización de
la enseñanza, cuyas etapas obligadas, la educación preescolar, la escolar propiamente dicha y la
orientación vocacional, contemplan los estadios más importantes de la evolución biológica y
psíquica del niño y del adolescente.