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HISTORIA DE LA CIENCIA - El siglo XX
EL MUNDO DE LOS SERES VIVOS
EL MECANISMO DE LA HERENCIA Y LOS CROMOSOMAS: VAN BENEDEN Y
WEISMANN
Cuando la obra de Mendel fue restaurada, la mecánica de la herencia y la evolución de las
especies —dos problemas conexos— fueron objeto de numerosas experiencias que condujeron
a notables hallazgos. Eligiendo el huevo de un erizo de mar, que gracias a su transparencia se
presta particularmente para esta clase de estudios, el alemán OSCAR HERTWIG (1849-1922),
en 1875, confirmó que el espermatozoide macho penetra en el óvulo de la hembra y que la
fusión de los dos núcleos celulares determina la fecundación. El botánico EDUARD
STRASSBURGER y el zoólogo WALTHER FLEMMING completaron estas observaciones, y en
1880 describieron el proceso de la división de la célula fecundada; notan que las
transformaciones de la célula nuclear están siempre acompañadas por la aparición de cierto
número de cuerpos filiformes que a su vez se dividen en dos, constituyendo así cada uno un
nuevo núcleo y finalmente una
nueva célula. Las partículas filiformes, denominadas
cromosomas, fueron estudiadas por el belga EDOUARD VAN BENEDEN (1845-1910);
comprobó que los cromosomas están en número constante en una misma especie, y en número
igual en la célula macho y en la célula hembra. No escapó a su atención que el núcleo
fecundado debe contener un doble juego de cromosomas, pues cada gameta, macho y hembra,
aporta un juego simple. Mediante la división de la célula fecundada, el doble juego, concluye
Van Beneden, es llevado a todas las células del cuerpo del embrión. Con este descubrimiento
se insinúa en las investigaciones biológicas la hipótesis de que los cromosomas representan un
papel esencial en la transmisión de los caracteres hereditarios. El alemán AUGUST
WEISMANN (1834-1914) es el primero en adherirse a esta idea. Somete a una revisión radical
la doctrina de Darwin. Este había admitido la transmisibilidad de los caracteres adquiridos y
aunque se hubiera pronunciado con reservas sobre tal asunto, creía que una transformación
corporal del individuo podía afectar al germen y volverse así hereditaria. Weismann niega
esta suposición del maestro y procura refutarla. Las células corporales, afirma, se extinguen
después de haber cumplido su función; perecen sin dejar descendencia. Sólo las células
reproductoras son potencialmente inmortales y transmisibles a la generación siguiente. Los
cambios operados en el cuerpo no alcanzan, pues, a las células reproductoras; por ello
Weismann excluye de su teoría neodarwinista (1883) la transmisibilidad de toda variación que
tenga su origen en circunstancias externas, por ejemplo, en la adaptación al ambiente. Sólo las
variaciones del plasma germinativo intervienen en la evolución de la especie y la base material
de las herencias son los cromosomas, que pasan de generación en generación. De las dos tesis
capitales de Weismann —localización de la herencia en los cromosomas y negación de la
herencia de caracteres adquiridos— la primera es hoy
un hecho innegable, y la segunda,
aunque combatida por algunos, es compartida por la mayoría de los biólogos.