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HISTORIA DE LA CIENCIA - El siglo XX
EL MUNDO FISICO: EL MACROCOSMOS.
SONDEO DEL UNIVERSO CON
INSTRUMENTOS MAS PODEROSOS
HUBBLE: DISTANCIAS DE LAS NEBULOSAS ESPIRALES
Antes del tercer decenio del siglo, todas las estrellas perceptibles formaban parte de nuestra
Galaxia; las nebulosas espirales, de las que se conocían en 1900 una decena de millares, eran
objetos tan misteriosos como en los lejanos días de Herschel. ¿Escondían las espirales
inmensas agrupaciones de estrellas, formando otras tantas vías lácteas? ¿Brillaban en realidad
fuera de nuestra Galaxia, como pretendiera Herschel? La respuesta se hizo esperar hasta 1924;
así como Galileo con su débil catalejo logró, tres siglos antes, convertir en estrellas
individualmente observables la luz difusa de nuestra Vía Láctea, EDWIN POWELL HUBBLE
descubrió y fotografió con el poderoso astrógrafo de Mount Wilson, las estrellas que
componían un brazo de la nebulosa espiral de Andrómeda.
Entre las estrellas andromedianas Hubble encontró algunas cefeidas; aplicando la ley de Miss
Leavitt calculó la distancia de la nebulosa en 800.000 años luz. ¡Nunca hasta entonces el
cartabón métrico de la Astronomía había penetrado en semejantes profundidades del espacio!
La admirable intuición de Herschel se encontró, pues, espléndidamente confirmada: la
mancha lechosa de la lejana nebulosa se había revelado como una Galaxia semejante a la
nuestra. Sin embargo, la nebulosa de Andrómeda es uno de los más próximos universos fuera
de los límites de nuestra Vía Láctea. Un grupo de nebulosas en la constelación de la Virgen
están colocadas a 6 millones de años luz. Más lejos, aun en el espejo de Mount Wilson, una
inmensa Galaxia, con sus miríades de soles, se reduce a una minúscula mancha brillante o a
un punto luminoso. Entre los varios centenares de millones de Galaxias que pueblan el
espacio explorable con los actuales instrumentos, las más lejanas, calculadas sus distancias por
comparación fotométrica, se encuentran a unos 500 millones de años luz.
Mientras que, gracias al poderoso telescopio de Mount Wilson, las búsquedas de Hubble
penetraron profundamente en el reino de las nebulosas y desplazaron gradualmente los
límites del espacio explorado, VESTO MELVIN SLIPHER, al examinar durante los años 1914-
25 los espectros de una cincuentena de nebulosas, chocó con el imprevisto fenómeno de que
los rayos de toda esta legión de galaxias evidenciaban un corrimiento hacia el extremo rojo del
espectro; este corrimiento
doppleriano es el índice unívoco de una
velocidad positiva: toda
esta inmensa familia de galaxias se aleja de la Tierra, parece huir de nuestro sistema solar, o
mejor dicho, de nuestra Vía Láctea. Tan extraordinario hallazgo fue superado  en 1929 por un
sorprendente descubrimiento de Hubble: cuanto más distante se encuentra una nebulosa,
tanto más
rápido es su receso, creciendo su velocidad de alejamiento por segundo en 160
kilómetros por cada millón de años luz.
Para las galaxias más alejadas se obtuvieron
velocidades de hasta 42.000 kilómetros por segundo. Nunca habían sido
registradas
velocidades tan vertiginosas para cuerpos celestes. Frente a este enigmático fenómeno, los
teóricos parecieron algún tiempo confundidos, aunque la "fuga de las galaxias" había sido
prevista
desde 1917 por el holandés Wilhelm
de Sitter, y encontrado luego, en 1927,
en la
persona del abate Georges Lemaitre un intérprete de genio. Mas, pronto el descubrimiento de
Hubble modificó la cosmología formulada por el creador de la teoría de la relatividad, Albert
Einstein.