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HISTORIA DE LA CIENCIA - Progresos en Biología
ANTECEDENTES DE LA TEORIA DE LA EVOLUCION DE LOS SERES VIVIENTES
Mientras que en Francia los descubrimientos microbiológicos de Pasteur encontraban
partidarios y adversarios, allende la Mancha la aparición del Origen de las especies, obra
maestra de Charles Darwin, fue punto de arranque para discusiones apasionadas que
desbordaron en mucho el reducido círculo de los hombres de ciencia, convirtiendo a la teoría
de la evolución en problema de interés general.
Linneo había proclamado la invariabilidad de las especies y la gran autoridad de Cuvier no
tardó en conferir a la doctrina fijista la rigidez de un dogma. Sin duda, Buffon entrevió la
posible transformación de una especie en otra, pero no tuvo la suficiente independencia de
espíritu para contradecir la opinión reinante. Sin embargo, en los umbrales del siglo XIX el
biólogo francés JEAN BAPTISTE LAMARCR (1744-1829) tuvo el valor de proclamar caduco el
principio de la constancia de las especies y afirmar la comunidad de origen de todos los seres
vivientes. El más simple de todos, el infusorio, se encuentra —proclama Lamarck— en las
raíces del árbol genealógico de los demás: a partir del infusorio, la Naturaleza produjo seres
más perfectos, para terminar en los más complicados y más diferenciados: los mamíferos. El
orden de clasificación de los animales establecido por Linneo responde, pues, al orden
cronológico de su nacimiento. ¿Cómo se opera el paso de una especie a otra? Por la influencia
del medio, responde Lamarck. Cuando el medio varía, obliga a los animales a adaptarse, y la
consecuencia es que algunos órganos se atrofian, otros se desarrollan. Así, los dientes han
desaparecido en la ballena porque traga su presa sin masticarla; los miembros se han acortado
en los cetáceos, porque habitan un medio de gran densidad; los ojos se han debilitado en el
topo, que vive en la oscuridad; el cuello se alargó en la jirafa, puesto que —por alimentarse
con brotes de árboles— se ve obligada a estirarlo para alcanzar las ramas más altas. La
modificación, una vez adquirida por el in, dividuo, se transmite, según Lamarck, por herencia
a la descendencia. La historia de la vida no es, pues, una sucesión de crisis y cataclismos como
Cuvier enseñara, sino de lentas y continuas modificaciones. La duración representa un papel
capital en la génesis de los seres. Estas ideas, que informan el contenido esencial de la
Philosophie Zoologique (1809), no encontraron resonancia. Sin duda los argumentos de
Lamarck no eran muy convincentes. A pesar de ello, este pensador —valiente e
independiente—, que sólo recibió en vida escaso reconocimiento y murió pobre y olvidado,
tiene el mérito de haber sido el primer verdadero propulsor de la doctrina transformista: antes
de Lamarck el mundo de los seres vivientes era un incoherente conjunto de especies, él las
reunió para devolver a la vida su continuidad. Así, el camino de Darwin se encontraba
preparado.