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HISTORIA MODERNA - El Imperio Otomano y los pueblos eslavos hasta el siglo XVIII
EL IMPERIO OTOMANO
Tras la conquista de Constantinopla, el sultán Mohamed se lanzó a la realización de un vasto
plan que sólo tenía como límite el dominio de toda Europa por el Islam. A la conquista del
Asia Menor se agregó la de los territorios que restaban de la península balcánica, y sus naves
operaron en forma amenazante por el Mediterráneo oriental. A la muerte de Mohamed, en
1481, lo sucedió Bayaceto, y a éste, en 1512, Selim I, que se apoderó de Arabia, Egipto y Siria.
Ya completado el dominio de los turcos sobre todo el mundo islámico, su sucesor, Solimán I,
que llegó al trono en 1520, pudo poner en ejecución el viejo proyecto de lanzar la invasión
musulmana sobre los territorios de la Europa cristiana.
Desde Belgrado, que los musulmanes poseían ya en 1389, los turcos amenazaban Hungría. Los
húngaros, conscientes del peligro, se habían
preparado para la guerra, y
bajo el mando de
Matías
Corvino habían sabido resistir los sucesivos embates.
Empero, un largo conflicto
religioso con los bohemios
condujo al debilitamiento de
las energías de ambos países,
cuya
dirección cayó en manos de un príncipe polaco sin aptitudes para tan difícil empresa: Ladislao
Jagellon. La avanzada cristiana comenzó a perder posiciones, y finalmente, en 1526, Solimán el
Magnífico derrotó sus ejércitos en la decisiva batalla de Mohacs. Desde entonces, Hungría
quedó anexada al imperio otomano, y la amenaza turca estuvo pendiente sin tregua sobre las
fronteras del imperio austriaco. Entre tanto, las naves otomanas siguieron incursionando por
el Mediterráneo oriental, y lograron derrotar a los Caballeros
del Hospital que defendían
Rodas, apoderándose de esa base naval en 1552. Desde entonces sus amenazas se extendieron
hacia el Occidente, y fue necesaria la enérgica acción de España en la batalla de Lepanto (1571)
para contenerla.
A principios del siglo XVII, la fuerza expansiva de los turcos comenzó a declinar, y sólo en la
segunda mitad del siglo volvió a reaparecer, aunque esta vez de manera menos eficaz. Los
límites entre el imperio de los Habsburgos y el imperio otomano habían quedado fijados por el
tratado de Torok, en 1606, y sufrieron pocas variaciones. Juan Sobieski, jefe del ejército de
Polonia, derrotó a los turcos en Khoczim en 1673 y les arrebató algunos territorios, y
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un
intento de apoderarse de Viena se vio frustrado en 1683. Desde entonces, los turcos dejaron de
constituir una amenaza inminente y sufrieron una grave derrota en Zenta, en 1699, a manos
del príncipe Eugenio de Saboya con las tropas del imperio, que les arrebató Hungría y
Transilvania, Polonia y Ucrania. Así quedó consignado en la paz de Carlowitz, tras de la cual
la declinación otomana pareció indiscutible.
EL SULTAN DE LOS TURCOS RECIBIENDO UNA EMBAJADA. Este grabado de autor
anónimo, representa la recepción de unos embajadores polacos en el palacio (le
Constantinopla, donde los enviados extranjeros debían someterse a un rigurosísimo y
complicado ceremonial, de acuerdo con las prácticas de la tradición musulmana.