Textos    |    Libros Gratis    |    Recetas

 

.
HISTORIA MODERNA - Francia hasta la víspera de la revolución
LA REGENCIA DEL DUQUE DE ORLEANS
Al morir Luis XIV en 1715, su heredero sólo tenía cinco años de edad y fue menester que el
gobierno se confiara a un consejo de regencia. Luis XIV había previsto cuidadosamente todas
las contingencias, y había designado regente al duque de Orleáns, rodeándolo, sin embargo,
de un consejo de regencia para que lo vigilara porque no merecía totalmente su confianza.
Pese a todo, Orleáns supo maniobrar de tal manera que, al día siguiente de la muerte de Luis
XIV, se encontró con todo el poder en su mano, y dispuesto a ejercitarlo según sus propias
directivas.
Si Orleáns no gozaba de simpatías por su carácter disipado, políticamente representa Da
cierta" reacción de la nobleza, a la que Luis XIV había apartado cuidadosamente del poder.
Con este apoyo, y el que le ofrecían generosamente todos los que se habían sentido oprimidos
por el absolutismo del Rey Sol, Orleáns creyó que podría desentenderse de quienes habían
sido indicados por el testamento del rey para vigilarlo.
Dos grupos de problemas lo esperaban, frente a los cuales demostró Orleáns su escasa
rapacidad. Uno era el de los que se derivaban de la situación internacional, y otro el de los que
provenían de la trágica situación fiscal. Respecto al primero, Orleáns osciló torpemente entre la
alianza de España y la de Inglaterra, descontentando a unos y a otros y debilitando la situación
de Francia en circunstancias particularmente difíciles. Pretendió primero apoyarse en España y
buscar su amistad, en circunstancias en que Alberoni preparaba sus planes contra Austria, y se
unió luego a Inglaterra al descubrir que aquella política le era perjudicial. Pero posteriormente
procuró aunar estas alianzas y pareció tener algún éxito en la empresa, todo lo cual concluyó
en un sistema de vínculos matrimoniales. Respecto al segundo, su acción fue aun más
insensata y peligrosa.
En efecto, tras muchas guerras y con una organización cortesana que costaba sumas ingentes,
el estado había llegado a una situación de quiebra virtual, que comprometió, además, las
riquezas de la nación. Para remediar la situación, Orleáns encomendó la presidencia del
Consejo de Hacienda al duque de Noailles, quien proyectó un sistema de economías estrictas
al que debían ajustarse los gastos por espacio de un largo período. Orleáns, y con él cuantos se
habían enriquecido en la época de Luis XIV, se resistieron a esos planes, y prestaron oídos, en
cambio, a los fantásticos proyectos de un hacendista de origen escocés, Juan Law, quien
prometía restablecer la prosperidad financiera.
Su idea consistía en la creación de un banco emisor de papel moneda, que recibiría dinero a
pequeño interés para invertirlo en vastas operaciones comerciales destinadas a producir una
ganancia mucho mayor. Esas operaciones debían ser realizadas por una gran empresa que
fundaría inmediatamente para explotar las incalculables riquezas que se suponía debía haber
en la cuenca del río Misisipí. Orleáns prestó su asentimiento entusiasta a la idea, y en 1716
quedó fundado el banco, cuyos billetes debían ser recibidos por los agentes fiscales, en prenda
de confianza. Al año siguiente se fundó la Compañía del Oeste y en 1718 el banco se
transformó en organismo del estado.
Hasta aquí, el plan parecía bien fundado y sus posibilidades de éxito considerables. Pero Law
comenzó a extremar sus ambiciones y a comprar cuanta compañía estaba establecida para la
explotación de territorios coloniales, ofreciendo intereses cada vez más altos para sus acciones.
Una verdadera fiebre de especulación fue la respuesta a esta política de Law, y al cabo de poco
tiempo el edificio comenzó a flaquear en su base. El papel moneda y las acciones empezaron a
desvalorizarse y el pánico cundió por toda Francia de modo incontenible, pese a que Orleáns
echó todo el peso del estado en favor del papel moneda para restablecer la confianza. Empero,
nada pudo hacerse, y en 1720 el sistema Law cayó en el fracaso más rotundo llevando a la
miseria a muchos, y al propio Law al destierro.
El malestar general se agravó con esta aventura financiera, de la que era difícil saber hasta
dónde había estado fundada en la buena fe. Orleáns sufrió considerablemente en su prestigio,
y esta circunstancia no hizo sino agravar un estado al que también se llegaba por otras vías. En
efecto, la sumisión del Parlamento —opuesto al sistema de Law— y el descontento de la
nobleza desilusionada tuvieron como consecuencia el llamado complot de Cellamare,
organizado por la duquesa de Maine, al que se sumaron los movimientos subversivos de la
provincia de Bretaña. De este modo, cuando en 1723 Orleáns resignó la regencia y comenzó el
reinado personal de Luis XV, su situación era casi insostenible.