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FILOSOFIA - La filosofía en el siglo XX
LA FILOSOFIA DE LA VIDA: H. BERGSON, BLONDEL
El pragmatismo es una filosofía activista. Emparentada a él, figura la filosofía de la vida. El
término "filosofía de la vida" tiene origen europeo. Parece ser que por vez primera fue empleado
por J. G. Herder. La ambigüedad de su sentido primitivo ha pasado a todos los publicistas que
pertenecen a la corriente ideológica que ha provocado. Sin embargo, posee principalmente dos
acepciones: primero, en un sentido metafísico, se entiende por filosofía de la vida aquella
dirección filosófica que declara que la vida es la absoluta realidad, o que por lo menos, la
realidad viviente e irracional, es captada tan sólo por una intuición o penetración emotiva en el
mundo, pues el conocimiento abstractivo, racional o analítico fracasa en todo intento de
caracterizar esta supuesta esencia del universo; segundo, en un sentido preferentemente ético, se
habla de una biosofía como una teoría del sentido y valor de la vida, así como de sus propósitos
y objetivos. Con todo, en ambas acepciones, el vocablo "vida" es un término equívoco. Unas
veces se le considera como algo meramente biológico; otras, como algo espiritual o histórico.
Extraordinario filósofo de la vida es el francés HENRI BERGSON (1859-1941), cuya obra llena de
colorido y de seductoras imágenes y su actitud irracionalista, le han granjeado singular fama y
popularidad en todos los círculos intelectuales. Ha escrito entre otras obras: Ensayo sobre los
datos inmediatos de la conciencia; Materia y Memoria; La evolución creadora; La energía
espiritual; Las dos fuentes de la moral y de la religión.
Bergson combate el positivismo y el idealismo en todas sus formas. El pensamiento, dice, es
incapaz de descubrir la vida, el espíritu, la verdadera realidad. A ella se llega por el camino de
la intuición.
Hay que distinguir entre ciencia y filosofía. Aquélla considera los objetos desde un punto de
vista exterior, y procede por análisis y síntesis; está dirigida a la práctica, al manejo de las cosas
como instrumentos útiles. La inteligencia forma así conceptos fijos, estáticos, solidificándolo
todo. El pensamiento intelectual lo paraliza todo; sólo puede aprehender lo muerto, lo material.
Pero la realidad es muy distinta. El verdadero fondo de la realidad escapa al intelecto y sólo es
aprehendido por la intuición. La intuición nos descubre, en primer lugar, nuestro propio yo.
Cuando el intelecto se aplica al conocimiento de lo psíquico lo especializa, lo materializa y, por
consiguiente, lo falsea. El yo no es algo rígido, estático, hecho de una vez para siempre, sino por
el contrario, algo que se hace, que fluye, que se convierte continuamente en otro distinto,
acumulando su pasado y anticipando su futuro. Su esencia es la duración real. 
La duración real (durée reelle) es el tiempo vivido, es el acaecer concreto de la conciencia, en el
cual cada uno de sus instantes aparece con una inédita e imprevisible cualidad. Nuestra
conciencia, dice Bergson, está siempre henchida de cualidades cambiantes. Produce
continuamente innumerables, infinitas diferencias cualitativas, entrelazadas y encadenadas unas
a otras. El yo se convierte continuamente en otro distinto; su pasado no se anula, sino que actúa
incesantemente sobre el presente; y aun el futuro juega su papel. Este, pues, no es el tiempo
vacío, "homogéneo", de la mecánica, sino la duración concreta, real, "heterogénea", diversa.
No es posible describir la conciencia echando mano de conceptos. A una descripción tal se llega,
de manera aproximada, por medio de imágenes. Así, se la puede representar como un espectro
de incontables colores, con gradaciones insensibles que pasan de unos matices a otros. Una
corriente sentimental que atravesase el espectro experimentaría transformaciones graduales al
teñirse con cada uno de los matices; y cada transformación anunciaría la siguiente y recogería la
precedente. Sólo que los matices del espectro permanecen siempre separados. Uno está al lado
del otro; ocupan espacio. La pura duración, en cambio, excluye toda idea de yuxtaposición, de
separación y de extensión.
La duración real es fundamentalmente memoria. Esta no es una facultad del alma, es la
estructura radical de la conciencia. Pero hay que distinguir entre memoria representativa y
memoria de repetición (hábito). Sólo en el recuerdo alcanza su realidad el tiempo concreto,
pleno. La memoria guarda lo que ha sucedido, como algo que ha sido, como algo imposible de
repetir; mientras que el hábito permite repetir siempre lo mismo como un presente. Si no
tuviéramos el don de la memoria, seríamos objetos en el espacio, sin pasado y sin futuro. Pero,
en verdad, nos interpretamos mal cuando nos consideramos como puntos de intersección de
leyes generales. La memoria nos convierte en seres históricos y libres, aun cuando
ordinariamente somos sólo cuerpos empujados exteriormente, determinados por causas; somos
ejemplares de la especie, entregados al determinismo común de nuestras necesidades. Sólo en
raros instantes somos seres libres; sólo en las cortas horas en que tomamos posesión de nosotros
mismos y gracias a esto nos sumergimos (por medio de la intuición) en la realidad del tiempo
concreto, gozamos de libertad.
La intuición de la conciencia permite asimismo descubrir la esencia del universo. Este en su
profunda estructura es evolución creadora. El universo es a manera de un organismo que
avanza crea-duramente empujado por un impulso interno, el élan vital. Este aliento vital
originario, indiviso, es Dios. Es algo así como un centro del cual irradian los mundos, como los
cohetes de unos prodigiosos fuegos artificiales; presuponiendo siempre que no se considere este
centro como una cosa, sino como una continuidad de irradiación. Dios, así definido, no es algo
cerrado; es vida incesante, acción, libertad.
La doctrina de Bergson es activista. MAURICIO BLONDEL, nacido en 1861, erige en único
principio este carácter de la filosofía, fundando una original filosofía de la acción. Ha escrito
obras de mérito: Las fuentes de la paz intelectual; La razón y el racionalismo.
La acción es, para Blondel, el principio que permite a la filosofía liberarse de las contradicciones
en que caen a la par el intelectualismo y el exclusivismo vitalista. Gran objetivo de Blondel es
elaborar una filosofía del cristianismo distinta de la doctrina tomista y neotomista.
En Alemania, este tipo de filosofía de la vida y de la intuición ha tenido amplio y profundo
desarrollo. Es obligado
mencionar a WALTER RATHENAU, PABLO
HAEBERLIN, JUAN
MUELLER, y sobre todo,
al conde HERMANN KEYSERLING (La estructura del mundo; La
inmortalidad; Prolegómenos a la filosofía natural; Diario de viaje de un filósofo).