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ECONOMIA POLITICA - La distribución
POR QUE SE PAGA INTERES
No es tan fácil decir por qué se paga interés, como decir por qué se pagan renta y salario.
Es evidente que nadie trabajará de balde, y no se pueden conseguir gratis tierras y bienes
de capital, pero si Pérez presta hoy a Rodríguez cien pesos, ¿por qué ha de recibir ciento
cinco y no cien al año? Hubo una época en que esta pregunta parecía tan imposible de
contestar que la Iglesia prohibió, por ser contrario al derecho y a la justicia, cobrar
intereses. Hoy, después de mucho discutir, los economistas dan la siguiente explicación
relativamente sencilla:
El interés es el precio que se paga por usar una cierta cantidad de capital de préstamo
durante un tiempo determinado. Igual que las demás cosas, el capital de préstamo es
escaso y, por consiguiente, tiene un valor de escasez. Ya hemos visto por qué existe una
demanda de capital de préstamo: porque puede convertirse en bienes de capital que
aumentan la productividad y, en consecuencia, proporcionan un rendimiento final mayor;
falta por descubrir la razón de la escasez. La productividad explica que la gente esté
dispuesta a pagar interés, pero no la necesidad de hacerlo.
La función del interés es la misma que la de cualquier otro precio, es decir, igualar la oferta
y la demanda. Mientras el tipo de interés es del 5 %, la demanda efectiva de capital de
préstamo sólo proviene de gente que se propone utilizarlo para fines que producen el 5 % o
más; y la oferta proviene de gente que estará satisfecha con un rendimiento sobre su
inversión del 5 % o menos. Las empresas que sólo rinden el 2 ó el 3 %, quedan descartadas,
de manera que sólo se emprenden las obras de capital más urgente.
Los costos representan en realidad el sacrificio que supone utilizar los recursos con una
finalidad y no con otra. Se sacrifican satisfacciones inmediatas, cuando se usan recursos
para la producción de bienes de capital, es decir, bienes que sólo dan una satisfacción al
producir bienes de consumo algún tiempo después; existe un costo inmediato que se halla
en las mismas condiciones de igualdad que los otros. Pero este cambio de satisfacciones
presentes por futuras, no se lleva a cabo sobre la misma base que el cambio de dos grupos
de satisfacciones presentes; el derecho a mercancías y servicios por un valor de ciento cinco
pesos dentro de un año, sólo vale hoy cien pesos. ¿Por qué existe esta discrepancia por
parte de la oferta?
Algunos dicen que la razón del pago de interés es psicológica: la gente ve las necesidades
futuras como algo vago y sin importancia, y las necesidades presentes como muy concretas
y urgentes; descuentan el futuro. Según esta teoría, el interés es el precio que se paga para
vencer esta preferencia irracional por los bienes presentes sobre los futuros, y el tipo de
interés depende de la actitud que tiene hacia el futuro la gente que ahorra.
Es cierto que por lo menos algunas personas consideran el futuro de este modo. Por
ejemplo, los pueblos primitivos no se preocupan casi nada por proveer para necesidades
futuras; y en los países civilizados hay muchos individuos que por temperamento no
quieren mirar mucho más allá de mañana. Pero no es tan fácil afirmar con la misma
ligereza que todo el mundo actúa de tal manera; que la humanidad sufre de la costumbre
universal de mirar las comidas del año que viene por el otro lado del telescopio.
La Economía marcha por terreno más firme cuando relaciona la aversión a cambiar cien
pesos por cien pesos al cabo de un año, con el hecho de que la vida humana misma es
limitada y de una longitud incierta. Es demasiado radical decir que todo el mundo prefiere
las satisfacciones presentes a las futuras; pero es sensato afirmar que la gente prefiere tener
la posibilidad de recobrar durante su vida o la de sus herederos las satisfacciones de que se
ha privado al ahorrar. Si el tipo de interés descendiera muy por debajo de la cifra más
pequeña que satisfaga estas condiciones, por ejemplo, el 2 %, con lo que se recupera el
capital original en cincuenta años, la gente preferiría utilizar sus recursos en producir
mercancías que puedan consumirse en seguida, y no se conseguirían en el mercado de
valores nuevas ofertas de capital líquido.