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ASTRONOMIA - Las grandes leyes del universo
EL "LEGISLADOR DEL CIELO": JUAN KEPLER
Tycho Brahe realizó pacientísimas investigaciones visuales de los movimientos de los
planetas, pero sin llegar a ningún trabajo de síntesis; esta gloria estuvo reservada a su
discípulo y sucesor JUAN REPLER, apellidado justamente el legislador del cielo, por haber
formulado en tres sencillas leyes el curso de los astros en sus mutuas relaciones. Estas leyes
son: la, todos los planetas describen órbitas elípticas alrededor del Sol, el cual ocupa uno de
los focos de la elipse; 23, las áreas descritas por los radios vectores en tiempos iguales son
iguales, o sea, que son proporcionales a los tiempos que invierten en describirlas, y 31, los
cuadrados de los tiempos de las revoluciones de los planetas guardan entre sí la misma
relación que los cubos de sus semiejes.
Pero, aun después de estas leyes, faltaba todavía a la ciencia la síntesis de todos los
movimientos, a pesar de conocerse ya que todos los astros están sujetos a dos fuerzas
primordiales, a saber: la fuerza atractiva de la materia o centrípeta, que tiende a
aproximarlos, y la fuerza centrífuga, que tiende a alejarlos, constituyendo la igualdad de
ambas fuerzas el equilibrio dinámico de los astros al recorrer sus órbitas. El genial autor de
esta síntesis fue NEWTON, al formular la ley de la gravitación universal, base constitutiva de
la mecánica celeste, que dice así: Los cuerpos se atraen en razón directa de sus masas y en
razón inversa del cuadrado de sus distancias. Por esta ley se explica la caída de los cuerpos
libres hacia el centro de la Tierra, así como también los movimientos de los astros, cuyo
equilibrio dinámico consiste en la igualdad entre la fuerza centrípeta (atractiva o gravitatoria)
y la fuerza centrífuga, que tiende a alejar el cuerpo del centro común de gravedad del sistema
y reconoce por origen la inercia de la materia.
Para explicar algunas ligeras discrepancias entre las posiciones calculadas de los planetas y
las observadas, han intentado modificar la ley de Newton diversos autores, sobre todo A.
HALL, y recientemente EINSTEIN, cuya opinión, admitida por multitud de eminencias
científicas, es combatida por no pocas autoridades mundiales. Se trata, a lo sumo, de
pequeños retoques a la citada ley de Newton, los cuales, aun cuando fuese necesario admitir,
no dejarían por esto de presentar aquella ley a los ojos de los sabios como la expresión más
sencilla y afortunada de la gran ley cósmica, reguladora del complicadísimo movimiento de
los astros.
La breve expresión de Newton basta para dar cuenta de todos los complicadísimos
movimientos y variaciones de los astros, a excepción del movimiento de giro de la línea de
los ápsides (afelioperihelio) del planeta Mercurio, que en lugar de ser 527" por siglo, como
reclama la acción combinada de los otros planetas conocidos, es 527" --i- 38", y de otra
pequeña discrepancia en el movimiento lunar que, acumulada durante 250 años, hará que
nuestro satélite se adelante un segundo respecto del tiempo calculado por la teoría.
Para explicar estas pequeñas discrepancias entre las posiciones calculadas y las observadas se
ha pretendido modificar la ley de Newton, cambiando el exponente 2 (cuadrado de la
distancia) por la potencia 2 0,000.000.16; pero los astrónomos y geómetras se resisten a
admitir esta complicación de la naturaleza.
La teoría de la relatividad de Einstein, partiendo de consideraciones del todo distintas a las
de Newton, llega a dar razón de los mismos hechos y pretende explicar las anomalías
observadas, en particular la del perihelio de Mercurio; con todo, no faltan contradictores
acérrimos de esta teoría.
Muy acertadamente dijo Newton al anunciar su ley: "Todo pasa como si en los cuerpos
existiese una fuerza", sin afirmar que tal fuerza fuese una realidad, pues, ciertamente, resulta
muy difícil concebirla y más aun comprender su actuación a distancia. Por esto algunos
autores se inclinan a considerar la tendencia universal de los cuerpos a la aproximación, no
como una fuerza atractiva inherente a la materia, sino como efecto de un empuje que, por
cierta analogía con la tensión superficial, podría llamarse tensión o mejor presión espacial,
igual en cualquier punto del espacio y de la misma intensidad en todas las direcciones, a no
ser que se interponga la materia, que obrase con respecto de la misma a manera de pantalla.
Esta presión espacial podría concebirse como resultado de la presión total de radiación
reflejada en una superficie esférica de radio ilimitadamente grande, y respecto de la cual
cualquier punto del espacio explorado podría considerarse como el centro. Pero, exista o no
la fuerza de atracción, el enunciado de Newton "todo pasa como si existiera" constituirá
siempre la expresión más sencilla y afortunada de la gran ley cósmica que rige el
complicadísimo movimiento de los astros.
ORBITA DE UN PLANETA. Diversos radios vectores de la órbita elíptica de un planeta: éste
recorre, en el mismo tiempo, el espacio AB y el espacio CD, por ser la superficie ASB igual a
la superficie CSD.