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ASTRONOMIA - Expansión del universo
Los sensacionales descubrimientos llevados a cabo en Astronomía durante estos últimos años
hacen que continuamente se sucedan también teorías
para explicar los nuevos hechos
observados. La última palabra de Astronomía, en materia de hipótesis, puede decirse que
actualmente se halla concentrada en la expansión del universo, propuesta por el abate
JORGE LEMA1TRE, catedrático de la Universidad de Lovaina: hipótesis en extremo
sorprendente, razón por la cual es impugnada decididamente por no pocos astrónomos.
Hasta hace relativamente pocos años se creía que todos los astros, así las nebulosas como las
estrellas, formaban parte de la Vía Láctea o Camino de Santiago, o como modernamente
dicen los astrónomos, la Galaxia, cuyas dimensiones se creían ser tan sólo de unos pocos
centenares de miles de años de luz; dimensiones ya de suyo exorbitantes, pues nunca debe
perderse de vista que la luz corre a la velocidad de 300.000 kilómetros por segundo, o sea,
unos nueve billones y medio de kilómetros al año. El número de estrellas pertenecientes a la
Vía Láctea se calcula ser de unos cien mil millones, aun cuando las fotografiables con los
actuales telescopios no pasan, según parece, de 30.000 millones.
Al descubrirse las nebulosas llamadas espirales, porque realmente muchas de ellas presentan
la forma de espiral, y al advertir por su espectro que no se componen de gases
incandescentes, sino de incontables estrellas situadas de nosotros incomparablemente más
lejos que los últimos confines de la Vía Láctea, cambió radicalmente la concepción del
universo. En efecto, con este importante descubrimiento, el universo ya no queda
circunscripto a una sola Vía Láctea o Galaxia, sino que comprendía un número crecidísimo
de vías lácteas o galaxias, cada una de las cuales se hallaba constituida por miles de millones
de estrellas. En la actualidad el número de galaxias o de nebulosas espirales descubiertas
asciende a dos millones, y sus distancias se hacen oscilar entre un millón y 250 millones de
años de luz, ya que las dos nebulosas más próximas se creen ser Messier 33 de la constelación
del Triángulo, que dista 850.000 años de luz, y la nebulosa Andrómeda, situada a 900.000
años de luz; mientras que el grupo de nebulosas más lejanas fotografiables con el gran
telescopio de Monte Wilson (EE. UU.) de dos metros y medio de diámetro, que se encuentra
en la constelación de Géminis, dista precisamente 250 millones de años de luz, o sea, que la
luz que de ella recibimos hace la friolera de 250 millones de años que comenzó su viaje a
través de los espacios. No obstante, las nebulosas espirales, según parece, son en realidad
mucho más numerosas, si bien por ahora inaccesibles al instrumental astronómico de
nuestros días, calculándose en unos 100.000 millones las que constituyen el universo entero.
Pues bien, se cree que todas las nebulosas espirales o galaxias se separan unas de otras,
abandonando la región del espacio donde al presente se hallan. Ante esta proposición surge
inmediatamente una pregunta: ¿de dónde se deduce esta creciente separación de las
nebulosas o expansión del universo como, con frase feliz, llamó Lemaitre a este curiosísimo
fenómeno? Esta deducción es fruto de recientes investigaciones llevadas a cabo con el
espectroscopio, al analizar la luz proveniente de dichas nebulosas, por haberse comprobado
que, en su mayoría (el 93%), presentan las rayas espectrales corridas hacia el rojo, lo cual
significa que se alejan de nosotros; con esta particularidad: que la velocidad de alejamiento
aumenta proporcionalmente a la distancia a que se encuentran de nosotros, o sea, que las
más apartadas se alejan más aprisa que no las más próximas; hasta el punto de que éstas,
distantes de nosotros un millón de años de luz, se alejan a la velocidad de 170 kilómetros por
segundo; aquéllas, distantes de nosotros unos 250 millones de años de luz, se alejan a la
velocidad de 25.000 y más kilómetros por segundo.
Por tanto, la velocidad de este retroceso, según cálculos de Hubble, es de unos 550 kilómetros
por segundo, por cada megaparsec de distancia, siendo el megaparsec la distancia
correspondiente a 3,26 millones de años de luz, lo cual
significa que, a un megaparsec de
distancia, las nebulosas espirales se alejan a razón de 550 kilómetros por segundo; a 10
megaparsecs, a razón de 5.500 kilómetros por segundo, y a 100 megaparsecs, a razón de
55.000 kilómetros por segundo.
Este fenómeno lleva a la conclusión, insospechada quizá para muchos, de que, alejándose
como se alejan todas las nebulosas espirales, andando el tiempo será necesario emplear
telescopios cada vez más potentes a fin de poderlas ver o fotografiar. Se ha calculado que,
para no perderlas de vista, deberá duplicarse la potencia de los telescopios cada 1.300
millones de años; tiempo, como se ve, suficientemente largo para dejar tranquilos en este
punto a los astrónomos y a los constructores de aparatos astronómicos. Dentro de 10
10
años
(10.000 millones de arios), las magnitudes de las nebulosas espirales habrán aumentado 10
unidades, de suerte que, entonces, el espacio se ofrecerá a nuestros sucesores totalmente
desierto de nebulosas espirales. Alegrémonos, pues, de vivir en una época en que tales
objetos son todavía visibles.
Seguramente, a no pocos llamará la atención el hecho de que todas las nebulosas espirales
huyan de nuestra Galaxia, como si ésta estuviese dotada de alguna virtud repulsiva. Nada de
esto; lo que sucede es que todas huyen mutuamente unas de otras. Es como si en un salón de
conferencias se duplicasen las dimensiones lineales del local, pero guardando los oyentes las
mismas distancias relativas. Cada uno advertiría que los demás se han apartado de él, pues el
que estaba a medio metro de distancia del otro se encontrará ahora separado por un metro
del mismo, y el que estaba a 10 metros, se encontrará ahora a 20 metros: por consiguiente,
todos habrán huido unos de otros, sin que ninguna persona en particular pueda decir que
solamente los demás son los que huyen de ella; y los más lejanos se habrán apartado, habrán
huido, un espacio absolutamente mayor que no los cercanos. Esto es exactamente lo que esta
teoría supone sucede con todo el universo, según se desprende de la forma como las
nebulosas espirales se separan de nosotros. Por esto el universo en expansión se ha
comparado a una burbuja de jabón en crecimiento: las moléculas de aire encerradas en la
película jabonosa, que en este caso representarían nebulosas espirales, se separan unas de
otras, de manera parecida a como hemos explicado, se separan estas nebulosas.
Pero la importancia de esta cuestión parece exigir que, una vez conocido el fenómeno de la
expansión del universo, nos detengamos algún tanto en explicar su alcance y las objeciones
de que ha sido objeto por parte de sus contradictores.
LAS NEBULOSAS EXTRAGALACTICAS. Se alejan entre sí, de una manera parecida a los
puntos de una película esférica de jabón que se infla.
Ya en 1917 y antes que ninguna observación aportase datos ni en pro ni en contra de esta
teoría, el profesor W. DE SITTER había hecho las primeras indicaciones teóricas en dicho
sentido. Deducía que, según una de las hipótesis derivadas de la teoría de la relatividad de
Einstein, la luz de los cuerpos celestes muy lejanos debía experimentar cierto corrimiento
hacia el rojo, debido a un rápido movimiento que los alejaba de nosotros, indicando que la
comprobación debía buscarse en la observación de las nebulosas espirales más remotas. En
aquella época sólo habían sido publicadas tres velocidades radiales, referentes a ese género
de nebulosas, que deficientemente confirmaban la hipótesis de De Sitter, por una mayoría de
dos contra uno.