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TERAPIAS MÉDICAS

SEGUNDO TIEMPO DEL MASAJE


2° tiempo. Estando la región enjuta y untada de nuevo, dispónense las manos lo mismo que antes, y se fricciona el empeine del pie, no con la punta de los dedos, sino con la cara palmar de ellos, recorriendo los pulgares sobre la planta del pie. De este modo el pie se halla cogido por los pulgares debajo, y encima por los otros cuatro dedos reunidos. Entonces con las manos aplicadas transversalmente, y operando, ya de una manera simultánea, ya con la una después de la otra, se hacen sin cesar fricciones, de abajo a arriba y de delante hacia atrás, siguiendo el curso de la sangre venosa, fricciones cuya intensidad se va aumentando progresivamente. Si los toques enérgicos son dolorosos, conviene suspenderlos en seguida, y volver a principiar las fricciones suaves hasta obtener el embotamiento de la sensibilidad. Opérase después, sobre los lados externo e interno del pie y sobre los tobillos, del mismo modo que sobre el empeine del pie. Únicamente la posición de las manos cambia; dirígense paralelamente a la largura del pie. Ejecutadas estas maniobras por espacio de diez minutos, poco más o menos, dánse plenamente las fricciones enérgicas que constituyen el amasamiento propiamente dicho.

Al efecto, aplícanse los dedos de una de las manos, la derecha por ejemplo, sobre la convexidad del pie, y apriétase vigorosamente toda la región; después se suben los dedos hasta el tercio medio de la pierna, pasando sobre el empeine del pie. En el momento en que la mano derecha ha llegado al término de su curso, dispónese la mano izquierda del mismo modo para seguir exactamente el mismo trayecto; apenas ha terminado la fricción, parte la mano derecha a su vez para repetir la maniobra, y así sucesivamente creciendo en celeridad, presión y peso.

Hácese, pues, manifiesto que desde los dedos hasta la mitad de la pierna, se ejerce sin cesar una compresión metódica intermitente y enérgica. Las manos comprimiendo la articulación, como en una estrecha collera, suben y bajan con una rapidez graduada por el operador. Tal es el amasamiento empleado en la torcedura del pie. En este caso los efectos obtenidos son, digámoslo así, maravillosos. Se ve disminuir, desaparecer debajo de los dedos el ingurgitamiento de los tejidos, la hinchazón de la articulación tibio-társea, y cesar todo dolor. Las compresiones no reconocen otros límites sino las fuerzas del operador.

Pero quedan aun el calcañar, el tendón de Aquiles y los hundimientos laterales tan dolorosos con frecuencia en la torcedura. Difícil es amasar estas partes dejando el pie descansar sobre el calcañar. Es necesario para frotar la parte posterior de la pierna, tomar el pie con la mano izquierda, levantarlo, y después amasar con la mano derecha puesta en supinación forzada. Es un medio poco cómodo y que no permite emplear bastante fuerza. Por esto, para evitar ese inconveniente, se debe acostar al doliente de bruces; el pie enfermo descansando en la cama por la cara plantar de los dedos y en flexión sobre la pierna.

En esta nueva posición, la planta del pie, el calcañar, et tendón de Aquiles, los hundimientos que hay detrás de los tobillos, y la cara posterior de la pierna hácense anteriores; fácil es entonces someter estas regiones a presiones tan enérgicas como las empleadas antes sobre la otra cara.

Este segundo tiempo del ejercicio dura comúnmente de 10 a 20 minutos según la gravedad de la torcedura. En las torceduras leves, un cuarto de hora basta grandemente para hacer que la hinchazón desaparezca; pero en las lesiones más graves, preciso es amasar más tiempo. El resultado de este amasamiento es casi siempre inmediato, y el paciente experimenta con satisfacción y sorpresa el beneficio de este tratamiento.

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