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INYECCIONES HIPODÉRMICAS

JERINGA DE PARVAZ


La jeringa que se emplea para inyecciones subcutáneas es la de Pravaz, modificada por diversos fabricantes.

Consta de un cilindro de vidrio, del contenido de 40 gotas de líquido, con guarnición de plata. El émbolo, provisto de una rosca, está graduado en milímetros a partir del punto en que principia a entrar en el cilindro. Este se halla calibrado de tal manera, que por cada milímetro recorrido por el émbolo, una gota de líquido sale expelida de la cánula. Para arreglar con antelación la marcha del émbolo, basta fijar el aro sobre el número que representa el de las gotas que se trata de inyectar. La cánula es de acero, está cortada oblicuamente y termina en punta aguda.

El modo de operar es de los más sencillos. Lícuase la jeringa con el líquido que se trata de inyectar; la cánula-trocar se introduce a través de la piel, en el tejido celular subcutáneo; y empújase el émbolo tantas divisiones cuantas gotas de líquido se deben inyectar en la capa subcutánea.

Necesarias son algunas precauciones a fin de evitar los accidentes locales que pueden ser consecuencias de estas inyecciones:

1° La cánula debe penetrar bastante lejos en la capa subcutánea, oblicuamente, a 1 centímetro, para que el líquido inyectado no se encuentre cerca de la picadura hecha en la piel.
2° La jeringa y la cánula deben estar muy limpias, y el líquido inyectado debe ser una solución perfecta, que no contenga suspensión ni polvo, ni cuerpo cristalino alguno.
3° El líquido debe hallarse exento de toda causticidad.
4° La cantidad inyectada en un punto no debe pasar de 30 gotas. No teniendo estos cuidados, las inyecciones subcutáneas pueden provocar inflamación local, supuración y hasta gangrena.

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